martes, 19 de octubre de 2010

Enterrando expectativas





Es difícil hablar sobre Buried sin destripar los acontecimientos que suceden durante su desarrollo. Lo mínimo que puedo decir es lo que todo el mundo sabe: Buried trata sobre un hombre que se despierta enterrado en un ataúd sin saber cómo ha acabado en esa situación, y durante todo el metraje se ve atrapado en ella, con un mechero como fuente de iluminación y un móvil como herramienta para comunicarse con el exterior. Este aislamiento del protagonista no es algo del todo original, pues muchos citan antecedentes como algunas películas de Hitchcock (como Náufragos o La soga) como evidentes influencias de su director, Rodrigo Cortés. Pero como yo no he visto esas cintas, para disimular mi falta de cultura cinematográfica voy a citar Última Llamada, película de 2002 de Joel Schumacher en que Kiefer Sutherland mantiene encerrado a Colin Farrell en una cabina de teléfono durante todo el metraje. La principal diferencia de esta referencia con el film que nos ocupa es que en Buried el protagonista no se encuentra en medio de una gran ciudad, con gente a su alrededor, sino que está a varios metros bajo tierra y completamente solo.


Llegados a este punto, vendría bien valorar por separado el guión y el resto de aspectos de la película. El trabajo de dirección es notable ya que se las apaña para mantenerse fiel a su premisa: todo sucede dentro de un ataúd. En realidad dentro de siete ataúdes diseñados convenientemente para diferentes situaciones técnicas. Así Cortés logra sacar el máximo provecho de la situación en que ha sumergido a su sufrido protagonista. En este aspecto también hay que destacar la magnífica interpretación, más que convincente, de un Ryan Reynolds que suda y parece que incluso sangre de verdad. Sin duda su actuación (recomendable escucharle en versión original) ayuda a que el espectador empatice y se sienta encerrado en la amplia sala del cine.

En contraste, es en el guión donde esta película falla. Y no porque éste sea malo de por sí, sino por las expectativas que todos los medios han generado alrededor de esta obra. Debe aclararse que se trata de un guión ya escrito antes de que se concibiese el film, varias veces rechazado hasta que Cortés lo leyó y decidió valientemente dirigirlo. Así, uno oye que van a estrenar una película que se desarrolla íntegramente en un ataúd, que cuenta con un único actor, y encima oye maravillas por parte de los privilegiados que ya han podido verla, e irremediablemente piensa que debe escudarse en un guión muy potente para no aburrir durante la hora y media que dura. Es entonces perfectamente comprensible la decepción cuando uno va al cine y descubre que el guión no es para tanto, amén de algunos errores garrafales que se le perdonan a una obra de ficción. Además de un par de momentos concretos, supuestamente impactantes pero que parecen totalmente fuera de lugar y le restan realismo al desarrollo. Por no hablar del mensaje político que la cinta desprende sin ningún complejo, que peca de obvio y simple y también acaba rechinando.

Es éste un problema muy frecuente hoy día y siempre, cuando los medios maginfican en exceso cualquier tipo de obra, y se generan unas expectativas que solamente verdaderas obras maestras van a ser capaces de cumplir. Lamentablemente, Buried no es una de esas películas que todos esperamos.

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