viernes, 4 de diciembre de 2009

Lo has hecho otra vez, Sam


Pues sí, has vuelto a lograrlo. Has conseguido volver a conmoverme. Y además me has hecho reír.

Sam Mendes parece empeñado en desmontar el mito del american dream y del american way of life. Y parece que se emplea bien en su propósito. Si ya lo consiguió hace 10 años con su opera prima American Beauty(de la que apenas recuerdo nada), el año pasado nos volvió a dejar fascinados, consternados, con su Revolutionary Road. Recuerdo perfectamente, en cambio, la sensación con la que abandoné el cine al ver esta última, el leve shock que me supuso.

Hace poco el mentado cineasta ha estrenado Un lugar donde quedarse, Away we go en su versión original, en la que vuelve a cuestionar y poner en evidencia la aparente felicidad con que se nos engaña en el cine convencional acerca de la forma de vida típica americana. En este caso, se trata de una sencilla road movie con un genial sentido del humor. La historia arranca en el momento en que los protagonistas, Burt y Verona, quedan embarazados. Con seis meses de gestación, los padres de él, el único apoyo con el que cuenta la pareja, decide emprender un viaje de dos años a Europa. Es entonces cuando deciden emprender ellos mismos un viaje, por Estados Unidos, visitando a conocidos y familiares con la esperanza de hallar un buen lugar donde quedarse y establecer su hogar.

A partir de este punto de partida, la película sigue a los protagonistas en su viaje, lleno de situaciones hilarantes debido a los personajes con que se topan, en que descubrirán cómo son y, sobretodo, cómo no quieren ser, ni ellos ni su futura familia.

Como he dicho, se trata de una comedia divertidísima y con un toque de ternura, cosa que se logra en parte por la soberbia actuación de la pareja protagonista. Me gustaría destacar especialmente a John Krasinski. Seguramente no les suene el nombre, pero los fans de The Office lo conocerán como el inolvidable Jim Halpert, prácticamente el único personaje "normal" de entre todos los que componen esta fantástica serie. Es la primera vez que veo al actor fuera de la serie, y he visto reforzada mi teoría de que seguramente se trate del tipo más simpático sobre la faz de la Tierra.

sábado, 21 de noviembre de 2009

¡A profanar se ha dicho!

Es la costumbre: la semana del estreno en cine de una superproducción hollywoodiense, los pobres espectadores televisivos somos sádicamente bombardeados con películas del mismo género o, en caso de tratarse de una saga, anteriores entregas. Siempre ocurre y seguirá ocurriendo durante años. Por eso no es de extrañar que, habiéndose estrenado esta semana Luna Nueva, hayamos podido "disfrutar" estos días en nuestras pantallas de su precuela Crepúsculo y de otro filme remotamente relacionado con el tema general de éstas como Van Helsing.

Habiendo visto ambas a medias, aunque la segunda acudí a verla en su día al cine, he podido darme cuenta de la poca piedad que sus creadores han tenido al destrozar y profanar la mitología clásica vampírica. Tampoco es algo que me moleste en demasía, pues no soy precisamente un fanático del género, pero sí me hace pensar con nostalgia en qué ha quedado de películas como el Drácula de Coppola.

En el primer caso, hay que reconocer que el mal ya estaba hecho en el libro en el que se basa la versión cinematográfica de Crepúsculo. Pero viendo la mitad de la película no cuesta darse cuenta de que se trata de una mierda con mayúsculas(y perdón por la expresión, pero hoy no me encuentro inspirado). Lo mejor del filme seguramente sean los paisajes, ya que la historia no ofrece demasiado atractivo, especialmente para el público no femenino ni adolescente, y los efectos especiales provocan risas y lágrimas a partes iguales. Con malas interpretaciones y un guión absurdo, uno nunca acaba de ver el propósito de su argumento. Como he dicho, toda la ficción vampírica clásica queda destrozada presentándonos unos vampiros que, a pesar de sus cientos de años, van a la moda y acuden al instituto año tras año. Además, no consumen sangre humana sino animal por su conciencia pacifista, algo bastante más fantasioso que lo que planteaba la serie Blade. El colmo llega cuando se desvela el motivo por el que no se exponen al sol: no se trata de alergia, resulta que tienen la piel recubierta de una especie de purpurina dorada bastante mal lograda, que sólo se ve con luz solar, y que les hace recordar lo que son y que sean reconocidos como no humanos.

En cuanto a Van Helsing, es inevitable pensar que su argumento está planteado en forma de cachondeo puro y duro. Aquí encontramos un popurrí de mitos vilmente deshonrados: un conde Drácula afeminado y soso, hombres lobo, arpías voladoras, un monstruo de Frankenstein con la cabeza cuadrada y tornillos; todo revuelto y sin ningún tipo de lógica, aderezado con la presencia de secundarios estúpidos y todo tipo de aparatos de corte steampunk(ballestas automáticas, escopetas y otros aparatos más propios de Batman o el Profesor Gadget). Y por si fuera poco, culminando tamaño sinsentido con uno de los finales más ridículos de la década, de aquellos con nubes con forma de caras.

En fin, sólo queda esperar al próximo superestreno, a ver qué tema toca destrozar...Se admiten apuestas.

domingo, 25 de octubre de 2009

Obama y el clan Corleone




Tal como dejé claro con el fútbol, en este blog pocas veces se va a hablar de política pues, aunque sea un tema que pueda incluir entre mis intereses generales, no entra dentro de la temática para la que está pensada este espacio. Aun así, puede que alguna vez, como en este caso, sea posible encontrar algún aspecto en que exista una relación clara o remota entre política y cine o televisión. También en esta ocasión, por primera vez el texto que sigue no es obra mía, sinó que está extraído directamente de la edición de
La Vanguardia del 24-10-09, y su autor es Pascal Boniface, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París. Este hecho extraordinario tiene poco que ver con la pereza habitual de un domingo al mediodía...


OBAMA Y EL CLAN CORLEONE

"Si recordamos la película
El Padrino, don Vito Corleone (interpretado por Marlon Brando), al frente de la más poderosa organización de la ciudad, es abatido por cinco disparos cuando pasea tranquilamente por las calles de Nueva York. ¿Cómo reaccionar?, se preguntan sus tres hijos. ¿Cómo preservar el dominio del clan ante este ataque sorpresa?

En un librito muy espiritual, The Godfather doctrine, dos autores estadounidenses, John Hulsman y Wess Mitchell, hacen una comparación entre la película El Padrino y la política exterior americana. ¿Acaso el filme de Coppola puede dar algunas indicaciones sobre el modo en que Estados Unidos debe conducir sus relaciones internacionales? Sí, responden los autores presentando la "doctrina del padrino". ¿Es que no existe un paralelismo entre el ataque contra Vito Corleone y los atentados del 11 de septiembre? En los dos casos la potencia dominante, segura de su fuerza, ha sido atacada violentamente y por sorpresa por un adversario al que no vio venir y del cual no ha entendido sus motivos.

Tres de los hijos de don Vito quieren responder de modo distinto a este nuevo desafío. Sus hijos representan, de hecho, las tres opciones de la política exterior norteamericana: la creencia en las instituciones, el neoconservadurismo y el realismo.

Tom Hagen, el hijo adoptivo de origen germanoirlandés, es el consejero jurídico de la familia. Cree que hay que responder a la amenaza del clan Sollozzo con una serie de acuerdos y compromisos recíprocos, lo que corresponde un poco a la visión liberal e institucional en boga en las filas demócratas y que encarnó, en su día, Woodrow Wilson. De hecho lo que desea tras el ataque a su padre es volver rápidamente al mundo que existía antes. Por ello propone un acuerdo con las otras familias. Su leitmotiv es: "Hay que hablar con ellos", partiendo del principio de que ellos prefieren el statu quo a la revolución y están interesados en apoyar un retorno a la paz si tienen mejor acceso a algunos recursos.

El segundo hijo, Sonny, desencadena una ofensiva unilateral y violenta contra la familia Sollozzo. Quiere arreglar el problema rápidamente y por la fuerza porque cree que eso juega a su favor. Su precipitación le lleva a no analizar la correlación de fuerzas. Es, de hecho, la posición neoconservadora. El intento de Sonny de asesinar a su cuñado, sospechoso de traición, que se transforma en una trampa en la que es asesinado es, de hecho, la guerra de Iraq, la trampa que se cerró sobre Estados Unidos.

La posición de Tom no puede tener éxito porque se efectúa a partir de una posición de fuerza que ya no existe, lo que imposibilita que la negociación sea suficiente para imponerse. Pero Sonny tampoco es coherente. Él tampoco está en condiciones de imponerse por la vía violenta. Sonny va a aislar al clan Corleone, unir a sus enemigos y ese recurso imprudente a la fuerza acelerará el declive de la familia. Priorizar las negociaciones o el recurso a la fuerza son, pues, dos posiciones ilusorias.

El tercer hijo, Michael, comprende que es necesario efectuar una gran reevaluación estratégica. Así que apostará por dejar fuera de juego a aquellos rivales a los que no puede reclutar y negociar con aquellos con quienes sería muy costoso oponerse. Al comienzo es un civil (está alejado de los asuntos de la familia y condena su deriva inmoral) pero será él quien hará eliminar físicamente a los jefes que rechazan pactar con él. Propone una mezcla de política del palo y la zanahoria. Ello permite mejores éxitos diplomáticos que el simple acercamiento institucional y ser un combatiente más eficaz que aquel que no ve más opción que la guerra. Sabe que el clan Corleone está debilitado estructuralmente por la evolución global de las relaciones de fuerza y usará a la vez la fuerza y la diplomacia.

Es esta posición de Michael la que los autores recomiendan a Obama. Es con esta política del palo y de la zanahoria como hay que tratar con Irán (proponiendo de un lado inversiones, reconocimiento diplomático por EE. UU., un compromiso de no intervención y, por otro lado, la perspectiva de una congelación de todas las inversiones que pondría a Irán de rodillas) y como hay que renovar el sistema de Breton Woods integrando en el mismo a los países BRIC, etcétera. Es así como, a la manera del clan Corleone, Estados Unidos seguirá siendo el primus inter pares en un mundo que ha cambiado completamente, usando a un tiempo el soft y el hard power.

Seguramente se podrá decir que apenas quedan ya partidarios de la opción Tom Hagen en Washington. Los seguidores de Sonny tampoco están en su mejor momento. En cuanto al método de Michael, es sobre todo una cuestión de dosificación. Falta que la comparación sea graciosa y el consejo, pertinente."

jueves, 8 de octubre de 2009

Anticristo


Horrorosa y bonita. Repugnante y cautivadora. Son algunos de los adjetivos con los que me permito calificar Antichrist, la última película del director danés Lars Von Trier. No había visto niguna película suya, y había vivido siempre ajeno al debate, recuperado para la ocasión de este último estreno, acerca de si se trata de un genio o de un farsante. Bien, después de haber visto la mencionada obra, no sabría en qué punto entre ambos extremos situarle.

Antichrist, aunque por su título pueda dar a entender lo contrario, no tiene nada que ver con el tema que trataba la película protagonista de la anterior entrada. En este caso, sólo aparecen dos actores(sin contar las fugaces apariciones de un niño): Willem Dafoe y la para mí desconocida Charlotte Gainsbourg. Interpretan el papel de un matrimonio que acaba de perder a su único y pequeño hijo. Él, psicólogo de profesión, lo asume con relativa compostura, pero ella se sume en una fuerte depresión aderezada con episodios de angustia que le impiden llevar una vida normal. El marido decide encargarse de su terapia, para lo que la lleva a una casita perdida en medio del bosque a la que llaman Edén, para que su mujer se enfrente a sus miedos.

Con este pretexto, Von Trier da rienda suelta a sus divagaciones más oscuras e inquietantes. En un principio la película funciona como un film de terror habitual, destacando sobretodo la angustiosa ambientación sonora y los movimientos de cámara que hacen estremecerte en la butaca de cine, sin que apenas aparezcan los clásicos sustos. Pero a medida que avanza la película, uno va dejándose atrapar por la atmósfera enrarecida que se va forjando entre conversaciones, silencios y miradas, y no puede evitar sentirse cada vez más aterrorizado sin saber muy bien por qué. Es entonces cuando todo explota, cuando se rompe la tensa calma y tienen lugar las polémicas escenas de sexo explícito y las repugnantes secuencias con toques gore, que te dejan totalmente impactado y descompuesto.

Pero la película no impacta únicamente en lo visual, ya que lo que ocurre, al menos en mi caso, tiene un impacto psicológico que sienta como una patada en lo más profundo del alma. Es la única vez que me ha faltado el aliento viendo una película, desde la primera escena a la última. Ante los hechos, el espectador queda perdido, no encuentra explicación para lo que ve, y permanece completamente fascinado por aquello que se le revela en ese momento, pero que siempre había estado escondido, acechando en los límites de su imaginación. La verdad es que me resulta difícil encontrar las palabras exactas para explicarme con suficiente claridad.

Posteriormente al visionado, uno se pregunta si una mente sana puede idear lo que acaba de ver. La respuesta es no, ya que Lars Von Trier confesó haber rodado Antichrist a modo de terapia para superar una profunda depresión. Mención aparte merecen las teorías sobre el origen del mal que la película desprende, sobre las que no me voy a extender aquí.

Seguramente exagere, pero no soy el primero en considerar el haber visto esta película en el cine como una experiencia difícil de olvidar.

martes, 22 de septiembre de 2009

La semilla del spoiler



Después de un verano prácticamente desconectado de la televisión, aunque siempre atento a la programación por si hubiera algún filme de mi interés(como ocurrió efectivamente con Little Children, Cowboy de medianoche o Solo ante el peligro) pretendo volver a publicar comentarios y opiniones de forma más o menos asidua en este espacio, aunque estoy seguro de que nadie había notado mi ausencia. Precisamente la mencionada atención a la parrilla televisiva me hizo recordar ayer, al ver que echaban La Semilla del Diablo en la cadena catalana 8Tv, un post que tenía en mente cuando vi la película hace poquísimos meses y que no se llegó a materializar.

El hecho de que la mayoría de nosotros(me refiero a un "nosotros" de carácter territorial) no seamos capaces de entender con fluidez la lengua inglesa hace que en la mayoría de cines y cadenas de televisión nos lleguen las películas de habla no hispana dobladas al castellano o catalán. Esto no es algo necesariamente malo, pues el trabajo de traducción y doblaje suele ser bastante correcto en los mejores de los casos. Pero en otros casos alguna de estas dos partes de adaptación falla por algún extraño motivo. Sólo hay que ver This is England doblada al castellano para comprobar cómo un mal doblaje puede quitarle la gracia a una película decente. En otros casos los fallos son de traducción, pero la mayoría de las veces no los detectamos. En otras ocasiones, sobre todo en la adaptación de títulos cinematográficos, nos damos cuenta que, ya sea por fines comerciales o estéticos, la traducción no se corresponde exactamente o ni siquiera remotamente con el título original.

¿A qué viene todo esto? En el peor de los casos de estos últimos errores, los fallos deliberados de traducción del título de una película pueden ser completamente inadecuados. El mejor ejemplo es la mencionada La Semilla del Diablo, cuyo título original es Rosemary's Baby. Como puede apreciarse a simple vista, nada que ver el título adaptado con el original.
Rosemary's Baby, obra maestra de Roman Polanski estrenada en 1968, gira en torno al embarazo de Rosemary poco después de mudarse con su marido a un lujoso apartamento en un edificio legendario por las oscuras historias que esconden sus paredes. Pronto Rosemary se da cuenta de que algo no va bien en su embarazo, y la extraña actitud de su distante marido, sus excéntricos y ancianos vecinos y su sospechoso ginecólogo y su insistente empeño por hacerle creer que todo va bien confirman sus peores sospechas, provocadas a su vez por un sueño en el que la mujer hace el amor con un extraño y espantoso ser.

Pronto se sugiere al espectador que, en efecto, Rosemary puede estar embarazada del mismísimo demonio. Y aquí es donde el funesto título castellano nos juega una mala pasada. Hasta el final, hasta la última escena, nunca queda claro si Rosemary alberga realmente en su interior al vástago del demonio o sólo se trata de la fantasía chalada de sus satánicos vecinos. Aunque se insinúa la respuesta, nunca se sabe del cierto hasta llegar al fin. Pero no hay que preocuparse, pues para solucionar este problema está el título nefastamente traducido, ideado por el verdadero hijo de Satanás, que nos despeja toda duda antes incluso de empezar a visionar esta magnífica obra.

domingo, 9 de agosto de 2009

Váyase, señor González

Porque estoy harto de usted, porque no le soporto. Porque trabaja en una cadena de televisión que vive del morbo y la basura. Porque su programa nocturno es una mierda, por más que se empeñe en intentar hacernos creer lo contrario. Porque, además, pretende hacernos creer que su programa es serio y profundo, cuando sólo es tendencioso y sensacionalista. Porque se atreve a dar lecciones morales sin entidad suficiente. Porque anunció hace unos años que se retiraba y al cabo de nada volvió sin haberse marchado. Porque ama el dinero más que a su propia madre. Porque su cara me ofende. Porque cuando escucho su voz me invade un deseo irrefrenable de aplastar el televisor para no volver a oír los rebuznos que profiere con su hocico. Porque siempre que voy de vientre me acuerdo de usted. Porque ha logrado, junto a Mercedes Milà, convertirse en el personaje televisivo que más me repugna. Belén Estéban no cuenta porque no me parece correcto mofarse de personas con discapacidad psíquica. Porque con compatriotas como usted, en ocasiones me avergüenza ser catalán. Porque su ego y su prepotencia no conocen límites. Porque los que pensamos así somos legión. Porque si hace falta se lo pediré por favor. Por todo esto y por mil razones más, váyase, señor González, váyase.

sábado, 4 de julio de 2009

Estoy más que harto y no pienso seguir soportándolo!


Quiero que os levantéis ahora mismo, vayáis a la ventana, la abráis, saquéis la cabeza y gritéis: ¡Estoy más que harto y no pienso seguir soportándolo!” Esto es lo que grita delante de una cámara varias veces el presentador Howard Beale en su programa de noticias, y acto seguido miles de personas sacan la cabeza por la ventana de sus casas gritando que están más que hartas y no piensan seguir soportándolo.

Network, película dirigida por Sidney Lumet en 1976, gira en torno a una cadena de televisión norteamericana y sus dirigentes. También en torno al presentador de noticias Howard Beale, que pierde la cabeza y se convierte en un predicador iracundo, disparando la audiencia de su casi acabado programa. Los directivos de la cadena no dudan en aprovechar su locura para convertir el noticiario en una especie de show en que Beale ejerce de agitador de masas con sus discursos, subiendo la audiencia semana tras semana.

Network se estrenó en España con la coletilla Un mundo implacable. Y en efecto, a lo largo de la película se va destapando un mundo en que todo cambia de la noche a la mañana, en que nada importa salvo la audiencia, por la cual los directivos televisivos son capaces de hacer lo que sea, llegando a límites increíbles y demenciales. En este mundo no hay lugar para la verdad ni la ética. Curiosamente, aunque cuente con 30 años a sus espaldas, cuando uno ve el film le parece rabiosamente actual, ya que refleja exactamente el espíritu que reina en la televisión de hoy en día en nuestro país (que es la televisión que conocemos). Cualquiera que vea los informativos de Tele 5 se dará cuenta de lo poco que importa la verdad y la actualidad si no ofrece espectáculo.

De esta misma forma, el discurso que sale de la boca del enajenado presentador de televisión es perfectamente coherente y sigue teniendo sentido actualmente. La televisión nos controla y nos influye más de lo que creemos, y de una forma inevitable. Como dice Beale, no podemos apagarla porque no tenemos nada más, nos ha seducido de tal forma que nuestra vida se nos antoja imposible sin ella. No me gusta ser catastrofista, pero esta película da que pensar, y mucho.

Para acabar, me gustaría señalar que la Asociación de Escritores de Estados Unidos ha calificado el guión de Network como uno de los diez mejores guiones de la historia del cine. Pese a mi poco criterio, puedo asegurar que razón no les falta.