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viernes, 8 de junio de 2012

La tormenta de hielo

El director taiwanés Ang Lee toma una novela de Rick Moody como base para elaborar un retrato de la sociedad norteamericana de principios de los años setenta. Su atención se centra en dos familias vecinas de clase burguesa que residen en una pequeña ciudad cerca de Nueva York. 

El principal problema que se nos muestra en el film La tormenta de hielo (The ice storm, 1997) es la dificultad que pueden llegar a experimentar los miembros de una familia a la hora de comunicarse entre sí. Generalmente suele hablarse de "falta de comunicación", pero si tomamos estrictamente el concepto de comunicación veremos que no puede haber falta de ella, pues es imposible no comunicarse. Lo que suele ocurrir, como en el caso de estas familias protagonistas, es que fallen los mecanismos para comunicarse de forma eficaz y satisfactoria. En este sentido observamos a dos familias totalmente disfuncionales, cuyos miembros no saben, no pueden o quizá no quieren comunicarse de forma eficaz entre ellos. 

Sin embargo, no es éste el único problema que sufren. Si algo caracteriza esta película, como sugiere su título, es la frialdad que reina en cada plano y en cada línea de diálogo. Empezando por los progenitores, todos parecen emocionalmente castrados. Incluso las relaciones adúlteras, que deben ser por definición apasionadas y excitantes, se caracterizan por una preocupante falta de emotividad. También los primeros tanteos de los personajes adolescentes con el sexo, el alcohol y las drogas carecen de todo sentido de la emoción. Los chavales se limitan a reproducir comportamientos que observan o intuyen en sus adultos, como tratándose de un ritual sin sentido ni capacidad de satisfacción. Incluso se niega a estos comportamientos el estatus de vehículos de placer instantáneo y efímero que suele caracterizarlos en el imaginario común. 

Ofrece La tormenta de hielo una desagradable constatación: no hay necesidad de sufrimiento explícito para dinamitar el sentido de la propia existencia. Simplemente el vacío, la ausencia de placer y la incapacidad para encontrarlo, son suficientes para que un sistema familiar vendido como ideal se desplome bajo su propio peso.

martes, 6 de diciembre de 2011

Todos malos


Tropa de Élite (José Padilha, Brasil, 2007) nos sumerge en un mundo que ninguno conocemos pero que de alguna forma intuimos: la lucha contra el narcotráfico en las favelas de Río de Janeiro. Concretamente, el film se centra en las actividades del BOPE, un grupo de operaciones especiales de la policía que, actuando como un cuerpo militar, se encarga de las tareas que la policía convencional no es capaz llevar a cabo. De la mano del capitán Nascimento conocemos el funcionamiento de esta unidad, además de sus propias circunstancias personales y las de otros personajes.

La película funciona como drama policial con espectaculares secuencias de acción rodadas de forma realista, cámara al hombro, que nada tienen que envidiar a las de las superproducciones americanas. Visualmente impactante y de ritmo frenético, de hecho, está mejor rodada que la mayoría de sus hermanas del norte.

Pero lo verdaderamente intesante de Tropa de Élite es su contenido más que su forma. En ella, como en tantas otras, se denuncia la corrupción endémica del cuerpo de policía y la podredumbre de todo el sistema legal. También hay lugar para la crítica hacia cierto sector de la clase media-alta brasileña, que se envuelve en un falso progresismo pero que contribuye directa o indirectamente al mantenimiento del tráfico de drogas en las favelas. Tenemos pues, y si se me permite la simplificación exagerada, a los polis malos, a los narcos malos y a los que los ayudan. El problema está en la descripción que se hace de los polis "buenos".

Esta cinta ha sido criticada por sectores progresistas por ser un supuesto vehículo de ciertas ideas de carácter fascista. La policía de élite se nos presenta como incorruptible, comprometida y sacrificada por la justicia. Tan comprometida con la justicia que para defenderla incurrirá en abusos y prácticas no sólo ilegales sino también inmorales. En este sentido, la cinta emana violencia continuamente y de forma explícita, y el espectador contemplará horrorizado crueles interrogatorios, torturas varias y el ya clásico sistema de "disparar primero y preguntar después", aquí aplicado de forma literal. Sin embargo, lo más interesante es que nunca alcanzaremos a saber a ciencia cierta si el film pretende justificar estas prácticas o precisamente denunciarlas. La interpretación de este aspecto queda completamente en manos del espectador, propiciando un ejercicio de reflexión que raramente podemos encontrar en este tipo de películas.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Teenoir








Brick (2005), del debutante Rian Johnson, basa su originalidad en una arriesgada propuesta consistente en trasladar un guión propio del cine negro, género tradicional y claramente delimitado, a un contexto adolescente. De esta forma, tenemos por un lado unos personajes y situaciones característicos de este género clásico: el detective freelance de moral abiertamente ambigua, su fiel compañero que le proporciona apoyo, la mujer fatal, el jefe gángster, interrogatorios, peleas y traiciones. Por otra parte, la acción tiene lugar en emplazamientos tales como un instituto, su aparcamiento, el despacho del director o una casa en un barrio residencial. Todo ello siguiendo una trama que, a pesar de su sencillo punto de partida, llega a enrevesarse de tal forma que en ocasiones, especialmente durante una primera parte, puede llegar a abrumar al espectador debido a las constantes referencias a gran cantidad de sucesos y nombres.

Ciertamente, un planteamiento así hace temer un grado de surrealismo que roce el ridículo. Y, en determinados momentos, lo que ocurre en pantalla es casi delirante, pero lejos de lastrar el desarrollo lo que consigue es dotar a la película de un encanto que, junto con el buen sentido del ritmo de la narración, transforman este film en una obra casi de culto. Una fotografía centrada en la desolación y frialdad de los paisajes urbanos de extrarradio le confiere al conjunto una dureza e impacto que casan a la perfección con lo adulto del guión, que coloca a unos personajes al final de su adolescencia en una situación de inusitada madurez. El cuidado apartado sonoro, desde la banda sonora hasta los efectos de escenas como la de la persecución con navaja, acaba de redondear una película más que notable.

Puro cine negro, frenético en ocasiones, ambientado de forma magistral en un contexto original, en el que se ha suprimido prácticamente la presencia de tecnología como ordenadores y teléfonos móviles, lo que ayuda a que la mezcla funcione. Una muestra del extraño resultado de esta fusión la ofrecen los reiterados planos de las piernas y pies del protagonista: el contraste entre los tejanos modernos y unos zapatos clásicos propios de un vestuario más maduro ofrece la metáfora perfecta para reflejar lo que propone Brick. La renovación, casi reinvención de un género que esperemos establezca las bases para más películas como ésta.

Merece también una mención el joven reparto encabezado por Joseph Gordon-Levitt. Los que, como yo, le prestaran atención por primera vez en la estupenda (500) Días Juntos (Marc Webb, 2009) y considerasen que no acababa de encajar en su papel en Origen (Christopher Nolan, 2010) se sorprenderán de lo bien que reparte y encaja tollinas en esta película.

viernes, 6 de mayo de 2011

Todo está iluminado


Todo está iluminado (Liev Schreiber, 2005) es la adaptación, cuanto menos curiosa, de la novela autobiográfica homónima de Jonathan Safran Foer. La película nos cuenta la historia de Foer de forma que, sin quitarle la enorme carga drámatica, se convierte en una pieza humorística de lo más convincente.

Jonathan Foer, interpretado por un Elijah Wood en estado de gracia oculto tras unas enormes gafas, es un ciudadano norteamericano judío que viaja a Ucrania buscando a la mujer que ayudó a su abuelo a escapar de los nazis en ese país. Allí será acompañado por dos miembros de una familia que se dedica a guiar por el país a los extranjeros que acuden buscando respuestas sobre sus antepasados judíos.

Lo primero que llama la atención, al comenzar la película, y que sugiere por dónde irán los tiros a lo largo del metraje, es la "simpática" presentación de los personajes protagonistas. Jonathan es presentado como poco menos que el estereotipo de judío hollywoodiense: obsesionado con el coleccionismo de objetos relacionados con su familia, aprensivo y con aire apocado y desconcertado. Después tenemos a Alex, interpretado por el para mí hasta ahora desconocido Eugene Hutz, y que se trata del personaje más carismático de la producción: residente en Odessa (Ucrania), es un joven que no se conforma con sus raíces y tiene como ideal la vida de EE.UU. que ve en los medios de comunicación, amante del hip hop y de los negros (sic), será el que ejerza de intérprete entre Jonathan y los nativos. Y por último está el no menos pintoresco abuelo de Alex (Boris Leskin), un anciano malhumorado, empeñado en fingir que es ciego, aunque ejerza de chófer de la expedición, y siempre acompañado por su fiel "perra guía" llamada Sammy Davis Junior-Junior.

Desde el primer momento podemos intuir cuál va a ser el principal sustento de la carga humorística que impregna todo el film: las diferencias culturales y las confusiones que éstas provocan. Así, Todo está iluminado recuerda a otras películas como Borat, en que se nos muestra a las gentes de las antiguas repúblicas soviéticas con un atraso cultural importante respecto a sus colegas norteamericanos, si bien este caso difiere del mencionado en que se trata de un país de la Europa del Este y no asiático, y el sentido del humor utilizado es mucho menos bestia. Pero la mayoría de chistes y gags tendrán su fundamento en lo paletos que son los ucranianos (al menos como nos los presenta el film).

El otro eje sobre el que gira la película es el componente dramático previsible en cualquier película que aborde el tema del holocausto, pero no por ello menos doloroso y emotivo. También se diserta sobre la identidad personal y la memoria, y las relaciones familiares. A todo lo anterior hay que añadirle una fotografía que mezcla el preciosismo de los paisajes naturales con la desolación de algunos entornos edificados y una banda sonora sencillamente fantástica, y podemos afirmar que nos encontramos ante una road movie emocionante y bonita como ella sola a la vez que divertida y entretenida.

viernes, 25 de febrero de 2011

Wilder y el psicoanálisis

Conozco poco el cine de Billy Wilder, sin embargo puedo asegurar que La tentación vive arriba no es su mejor comedia. Lo que sí me atrevo a aventurar es que es una de sus películas más icónicas, pues más allá de apartamentos y Lemmon y Curtis travestidos, si existe una imagen más reconocible que cualquier otra a lo largo de la historia del cine es la de la falda de Marilyn Monroe levantándose pícaramente por culpa del aire procedente de una rejilla del metro neoyorkino. Icono indiscutible que procede de la mencionada comedia.

En La tentación vive arriba (The Seven Year Itch, 1955) conocemos a Richard Serman (Tom Ewell) en un caluroso mes de agosto de Nueva York, en el que es costumbre en toda familia de clase media que el hombre se quede trabajando mientras su mujer e hijos se toman unas vacaciones lejos de la ciudad. En este contexto se topa con una nueva vecina, una despampanante Marilyn que le provocará más de un sofoco en tan cálido contexto. Durante el transcurso de la historia, Richard conoce también a un psicoanalista durante una breve e hilarante escena, lo que provocará más de una referencia sarcástica en referencia a esta disciplina psicológica.

No debería extrañar a nadie, pues el psicoanálisis como teoría ha sido ampliamente (no discutiremos aquí si justificadamente o no) criticado y ridiculizado desde la mayoría de perspectivas psicológicas, desde su fundación hasta la actualidad. Su cientificidad ha sido sistemáticamente puesta en duda desde el ámbito académico y científico y los ataques a su validez y fiabilidad se han convertido en costumbre. En esta película se refleja de forma divertida esa suspicacia. Sin embargo, y paradójicamente, tras todo el conjunto del film subyace un supuesto fundamental que Freud recoge ampliamente en su obra y que bautizó como el "malestar en la cultura". Tomando como base el principio psicoanalítico de que la conducta del hombre se rige por impulsos, básicamente el impulso sexual y el impulso agresivo, Freud señala que para vivir en comunidad, el individuo se ve forzado a contener estos instintos. Dado que el ser humano es un ser social y se ha organizado de esta forma a lo largo de la historia desarrollando diferentes culturas, cada vez ha experimentado una presión mayor para frenar sus impulsos, lo que finalmente acaba generando un malestar y sentimiento de culpa.

La tentación vive arriba nos muestra el caso particular de un hombre que, por una parte, desea ceder ante la tentación sexual que le supone su atractiva vecina, pero por otro lado no está dispuesto a prescindir de la vida familiar que ha conseguido forjar y mantener. Continuamente se debate entre lo que la cultura dicta como correcto, y lo que realmente su cuerpo indica como apetecible. Y si encima este comportamiento "incorrecto" resulta que acaba siendo normativo, ya que a su alrededor todos los hombres obedecen a sus instintos sin pararse a pensar, el cacao mental que se genera no hay psicólogo ni psicoanalista que lo arregle.

No pretendo justificar ni validar el psicoanálisis como teoría de la mente, sino simplemente señalar que aquello que se critica momentáneamente en el film está realmente defendiéndose durante toda la trama. Quién sabe si a propósito o, retomando conceptos freudianos, de forma inconsciente.

martes, 19 de octubre de 2010

Enterrando expectativas





Es difícil hablar sobre Buried sin destripar los acontecimientos que suceden durante su desarrollo. Lo mínimo que puedo decir es lo que todo el mundo sabe: Buried trata sobre un hombre que se despierta enterrado en un ataúd sin saber cómo ha acabado en esa situación, y durante todo el metraje se ve atrapado en ella, con un mechero como fuente de iluminación y un móvil como herramienta para comunicarse con el exterior. Este aislamiento del protagonista no es algo del todo original, pues muchos citan antecedentes como algunas películas de Hitchcock (como Náufragos o La soga) como evidentes influencias de su director, Rodrigo Cortés. Pero como yo no he visto esas cintas, para disimular mi falta de cultura cinematográfica voy a citar Última Llamada, película de 2002 de Joel Schumacher en que Kiefer Sutherland mantiene encerrado a Colin Farrell en una cabina de teléfono durante todo el metraje. La principal diferencia de esta referencia con el film que nos ocupa es que en Buried el protagonista no se encuentra en medio de una gran ciudad, con gente a su alrededor, sino que está a varios metros bajo tierra y completamente solo.


Llegados a este punto, vendría bien valorar por separado el guión y el resto de aspectos de la película. El trabajo de dirección es notable ya que se las apaña para mantenerse fiel a su premisa: todo sucede dentro de un ataúd. En realidad dentro de siete ataúdes diseñados convenientemente para diferentes situaciones técnicas. Así Cortés logra sacar el máximo provecho de la situación en que ha sumergido a su sufrido protagonista. En este aspecto también hay que destacar la magnífica interpretación, más que convincente, de un Ryan Reynolds que suda y parece que incluso sangre de verdad. Sin duda su actuación (recomendable escucharle en versión original) ayuda a que el espectador empatice y se sienta encerrado en la amplia sala del cine.

En contraste, es en el guión donde esta película falla. Y no porque éste sea malo de por sí, sino por las expectativas que todos los medios han generado alrededor de esta obra. Debe aclararse que se trata de un guión ya escrito antes de que se concibiese el film, varias veces rechazado hasta que Cortés lo leyó y decidió valientemente dirigirlo. Así, uno oye que van a estrenar una película que se desarrolla íntegramente en un ataúd, que cuenta con un único actor, y encima oye maravillas por parte de los privilegiados que ya han podido verla, e irremediablemente piensa que debe escudarse en un guión muy potente para no aburrir durante la hora y media que dura. Es entonces perfectamente comprensible la decepción cuando uno va al cine y descubre que el guión no es para tanto, amén de algunos errores garrafales que se le perdonan a una obra de ficción. Además de un par de momentos concretos, supuestamente impactantes pero que parecen totalmente fuera de lugar y le restan realismo al desarrollo. Por no hablar del mensaje político que la cinta desprende sin ningún complejo, que peca de obvio y simple y también acaba rechinando.

Es éste un problema muy frecuente hoy día y siempre, cuando los medios maginfican en exceso cualquier tipo de obra, y se generan unas expectativas que solamente verdaderas obras maestras van a ser capaces de cumplir. Lamentablemente, Buried no es una de esas películas que todos esperamos.

domingo, 26 de septiembre de 2010

El Americano



Es fácil, viendo el tráiler y teniendo en cuenta toda la promoción, pensar que El Americano es una película de acción. Seguramente esto explica el éxito que ha tenido en taquilla y la mala reacción de gran parte del público tras verla. De manera que habría que dejar clara una cosa a todos aquellos que se planteen acudir al cine para su visionado: El Americano no es una película de acción. Tiene disparos, sí, pero muy pocos y en momentos puntuales. Se da alguna persecución, pero no recuerdo haber contado más de una.

¿En qué género podemos, pues, situar El Americano? No es en absoluto necesario, pero me atrevería a clasificarla como thriller contemplativo o reflexivo. Basada en una novela de Martin Booth, cuenta la historia de un asesino profesional que es forzado a establecerse en un pueblecito de los Abruzos, en Italia. Allí se dedicará a intentar pasar desapercibido mientras lleva a cabo su último trabajo. Pese a ser una producción americana, su director, Anton Corbijn (fotógrafo y director de videoclips), es holandés, y eso se nota. Se nota en que la cinta tiene más de cine europeo que de americano. De hecho, lo único americano que se aprecia es su título y su actor principal, un George Clooney utilizado como reclamo publicitario pero que cumple de sobras con su interpretación. Lo que es ciertamente admirable, dado que los diálogos son escasos y las escenas con Clooney solo ante la cámara abundantes.

El Americano es, como decía, cine europeo, alejado de los estándares comerciales que caracterizan a las superproducciones americanas. Es una película lenta, parsimoniosa, con largos tramos en que parece no ocurrir nada, y con grandes planos paisajísticos de una belleza incomparable. En este sentido recuerda mucho al western, y de hecho su director ha reconocido la influencia de este género sobre su persona y a la hora de realizar esta cinta. Mucha gente, en especial los más impacientes y los no acostumbrados a este tipo de cine, se aburrirá en su butaca. Sin embargo, hay que decir que el filme mantiene la tensión durante todo el metraje y ofrece escenas dignas de recuerdo.

Cabría añadir, para acabar, que en mi caso ha ocurrido el efecto contrario a lo antes mencionado. Llegué pensando que vería una película más dinámica y con más acción, y me marché encantado de que finalmente no fuera así.

domingo, 25 de julio de 2010

Domingo





Un día como hoy, un domingo de verano de 1990, tenía lugar la famosa masacre de Puerto Hurraco. Para el que no la recuerde (como yo, que tenía 2 años), una larga serie de rencillas entre dos familias acabó con los hermanos Izquierdo dando forma a la cazurrez de la España profunda en su máxima expresión liándose a tiros con todo quisqui.
En 2004 se estrenó la película El 7º día, dirigida por Carlos Saura y guionizada por Ray Loriga, basada en el fatídico suceso.

Lo normal es pensar que partiendo de una base así es difícil que no salga una buena película. Y en realidad no se trata de una mala obra, pero su guión no aprovecha el enorme potencial que ofrece la historia. El principal problema, pues, reside en el guión. De todos los enfoques posibles, el autor se decanta por el más fácil y menos arriesgado, en consecuencia el menos intersante. La película sucede desde el punto de vista de una de las hijas adolescentes de la familia, digamos, víctima. Es éste un planteamiento cobarde, pues la historia es mucho menos complicada de contar desde la perspectiva de las víctimas. Donde reside el verdadero interés del espectador es en los personajes miembros de la familia agresora, desquiciados e insanos, que aquí son retratados como meros locos, con motivaciones muy simples y sin ahondar en sus relaciones interpersonales. Pero centrarse en ellos era demasiado arriesgado, debió pensar Loriga, ya que es complicado entrar en la mente de un asesino e intentar mostrar sus motivos, y más cuando el asesino es una familia entera. De haberla planteado desde este punto de vista, la película podía salir mal, claro, pero también podría haber salido muy bien, desde luego mucho mejor que el resultado final.

Si a todo esto añadimos que, personalmente, me hizo recordar en un principio a Los Santos Inocentes, obra maestra del cine español y me atrevería a decir que mundial, la impresión final no puede mejorar mucho. Las comparaciones son odiosas, sí, pero también inevitables, y el ambiente rural en que se desarrolla la película me retrotrajo automáticamente al célebre film de Mario Camus. Lo que acentúa otro de los fallos de guión: la pobre construcción de los personajes secundarios, algunos metidos con calzador para adornar la historia principal.

Sin embargo, y como conclusión, El 7º día es una película que merece la pena ver. Si uno reduce las expectativas iniciales podrá disfrutar de una historia de venganzas y amores, además de disfrutar de la bonita fotografía, sin sentirse especialmente decepcionado ni aburrido.

domingo, 27 de junio de 2010

La hoguera de las vanidades


















La hoguera de las vanidades
(1989) está dirigida por Brian de Palma y basada en la novela homónima de Tom Wolfe. Libro que no he leído, por lo que todas mis opiniones son acerca del film como tal, y no como adaptación.


Se trata de un tipo de películas que desgraciadamente ya no se hacen. A día de hoy la mayoría de obras cinematográficas insisten en inscribirse en un género determinado, incluso las buenas, y son pocos los estrenos que uno no se atreva a clasificar. Sin embargo nos encontramos ante una obra que tiene parte de drama, parte de comedia e incluso parte de historia "policíaca" o de juzgado.

Lo mejor (y para algunos puede que lo peor) de La hoguera de las vanidades es que parece incapaz de tomarse en serio a sí misma. Su desarrollo es totalmente convencional y su trama en un principio seria, pero está poblada de pequeños excesos, detalles que en ocasiones rozan el surrealismo y que en este caso acercan una película común al título de buena película. Secundarios como el fiscal del distrito que busca desesperadamente un caso en el que condenar a un blanco en el Bronx para ganarse el voto de la comunidad negra o el periodista borracho interpretado por Bruce Willis; historias como la del carrito lleno de mierda o la del avión que lleva árabes a la Meca; situaciones delirantes como la escena de la fotocopiadora o la de la escopeta. Todo son pequeños y no tan pequeños elementos del guión que, de no aparecer, dejarían a este film como uno más.

Pero La hoguera de las vanidades también ofrece interesantes reflexiones sobre temas como lo peligroso del "racismo positivo" o discriminación positiva, el poder manipulador de la prensa, la falta de escrúpulos en la lucha por el poder o la diferencia entre la justicia como valor o derecho y la justicia como proceso legal.

No estamos ante un peliculón con todas las letras, pero sí ante un film que se deja ver y que bien merece un par de horas muertas que dedicarle.

domingo, 16 de mayo de 2010

Catwoman contra el maquillaje

Catwoman es una película mala, muy mala. Se mire por donde se mire. No tengo ni idea sobre el personaje de cómic original, pero tengo entendido que en su versión cinematográfica no se respeta nada de éste, ni su nombre.

No sabría por dónde empezar a hablar de Catwoman. Quizás por su absurdo guión, seguramente escrito en el baño, tan irrisorio que finalmente acabas por plantearte si de verdad han pagado a alguien por él. Seguramente a esta impresión contribuya un fenómeno común en la mayoría de películas de superhéroes que he visto: más de la mitad del metraje se centra en el origen del personaje, por lo que la trama central del filme queda notablemente deslucida, con poco contenido y resuelta con prisas. Otras perlas que incluye esta débil historia son los excesivos y feos efectos especiales, o las pésimas actuaciones de las renombradas actrices protagonistas, añadidas a la presencia de unos secundarios totalmente prescindibles.

Volviendo a la trama, parece que el guión les pareció tan vergonzoso que intentaron colar una especie de discurso feminista para dignificarlo. Lo que ocurre es que, como se dice en catalán, d'on no n'hi ha no en raja, lo que significa que este discurso está trazado de una manera tan simplista y obvia que acaba empeorando el resultado final. Y en el caso de que no fuera así, si este intento de feminismo no fuera fallido desde su base, el discurso se desmorona en el momento en que aparece la buenorra de Halle Berry contoneándose y mostrando chicha. Lo que, para concluir, hay que admitir que es lo único aceptable que podréis ver en este churro de película.

sábado, 10 de abril de 2010

Victoire!



¿Qué hacen futbolistas como Pelé o Bobby Moore junto a Sylvester Stallone y Michael Caine? Pues una película, qué si no. Una película de fútbol. Y de nazis. ¿Que cómo se come eso? Vean Evasión o victoria y lo entenderán.


Evasión o victoria(John Huston, 1981) pretendía basarse en un principio en una historia real acontecida durante la II Guerra Mundial. En la Ucrania ocupada por los alemanes, en 1942, se organizaron una serie de partidos entre los jugadores del Dynamo de Kiev y distintos equipos de las fuerzas de ocupación. Tras ganar todos los partidos, el equipo ucraniano se enfrentó al de las fuerzas de aviación nazis, la Luftwaffe. Tras la primera parte del partido se advirtió a los jugadores del Dynamo de las terribles consecuencias que podría acarrear para ellos el ganar aquel encuentro, pero esto no pareció asustarles. Tras ganar por goleada, cuatro de ellos fueron afusilados.

Sin embargo, el filme que nos ocupa finalmente poco tiene que ver con dicha historia. Michael Caine representa el papel de un oficial británico y jugador de fútbol internacional, a quien estando prisionero en un campo de prisioneros en Francia un general alemán le propone organizar un partido de solteros contra casados, digo, de prisioneros contra alemanes. Finalmente la cosa se sale de madre y acaban montando un encuentro entre una suerte de selección internacional con futbolistas de varias nacionalidades(todos prisioneros en distintos campos) y la selección de fútbol alemana en un estadio de París. Así, los nazis ven la oportunidad de demostrar la superioridad de su raza y nación y avanzar en la guerra propagandística. Por su parte, los oficiales británicos retenidos en el campo de prisioneros donde transcurre la mayor parte de la película encuentran la ocasión prefecta para organizar la fuga de todo el equipo aliado durante el partido y anotarse así una victoria moral, además de ridiculizar a los alemanes.

Cualquiera que haya visto La Gran Evasión verá, asombrado, cómo Evasión o victoria parece, sobretodo al principio, una réplica de la primera. Empezando por el título o por basarse en hechos reales, pasando por todos los detalles del campo de prisioneros y la inverosímil infraestructura de que disponen éstos para organizar fugas, hasta la banda sonora y el poco realismo de la historia, todo recuerda a La Gran Evasión. ¡Si hasta Stallone hace el mismo papel que el bueno de Steve McQueen! Obviamente, el film de John Sturges supera en todo al de Huston, pero si el primero podía calificarse de "película de domingo-tarde", la segunda es sin duda una "película de domingo-tarde-total".

Evasión o victoria es, por si no ha quedado claro, una película muy entretenida y que he de reconocer me ha gustado bastante, pese a la falta total de verosimilitud de su argumento, cosa que por otro lado la dota de un encanto especial. Hay que destacar su apasionante tramo final, durante el que tiene lugar el dichoso partido, en que uno puede quedarse sin uñas si se descuida.

martes, 9 de marzo de 2010

Las cosas claras


Hay pocas cosas que uno pueda afirmar hoy en día que tiene claras. La mayoría de lo que uno sabe y cree puede cambiar radicalmente de un día para otro, pues vivimos en un tiempo en que nada parece verdad y siempre hay algo escondido. Pero en mi caso, y en el de mucha gente, aún quedan cosas que uno puede atreverse a afirmar que las tiene del todo claras, aunque nunca llegue a saberlo ciertamente.


Una de estas cosas es el hecho de que, si bien es cierto que todo el mundo tiene el derecho a una segunda oportunidad, en determinados casos más valdría que no existiera ese derecho. Uno de estos casos es el de una persona que ha abusado sexualmente de un niño o niña. Lo políticamente correcto y la tradición cristiana nos dice que por mucho mal que alguien haya hecho, siempre debe existir la posibilidad de redención. Pero en un caso en que se ha infligido tanto daño, en que se ha arrebatado la inocencia de una persona sin formar y se la ha marcado de por vida, uno tiende a pensar que el castigo hacia el agresor no debería terminar nunca. La pederastia no es un delito común, todo el mundo lo sabe, por lo que no debería ser castigada como un delito común, sino como la aberración que supone.


Sin embargo, como ya he comentado, por muy claras que nos parezcan nuestras ideas nunca podemos asegurarnos de su inmovilidad. Debo aquí hacer referencia a un par de películas muy recomendables: Little Children (Juegos Secretos en su traducción al castellano; Todd Field, 2006) y El Leñador (Nicole Kassell, 2004). Ambas son películas muy recomendables, sobretodo la primera. Ambas tratan el tema de la pederastia, pero desde una perspectiva cuanto menos original: el punto de vista del agresor, habiendo éste quedado en libertad al cumplir su pena de cárcel. Ambas ofrecen interesantes reflexiones sobre el tema, especialmente El Leñador. En ésta, Kevin Bacon interpreta el papel principal, el del pederasta arrepentido Walter. En Little Children el personaje del agresor sexual queda en un plano secundario. Pero ambas ofrecen la versión de un pederasta que admite su culpa, que se considera enfermo y que hace todo lo posible por cambiar. Lógicamente, nadie se lo pone fácil.


Ambos films están realizados e interpretados de forma tan acertada que, viéndolos, uno no puede evitar llegar a sentir empatía y compasión por la persona que en la vida real considera un engendro. Al acabar de visionar cada cinta, con varios meses entre una y otra, me resultó imposible no replantearme ideas y creencias que creía fuertemente arraigadas. ¿Puede un pederasta ser víctima de sí mismo? ¿Se puede creer en su arrepentimiento? ¿Existe la posibilidad de que llegue a controlar sus impulsos y pueda conseguir, al fin, la redención?


Son preguntas que dejo en el aire, pero la reflexión más importante que me gustaría transmitir es lo maravilloso que resulta la posibilidad que una obra cinematográfrica pueda llegar a remover todo cuanto uno cree y conoce.

martes, 2 de febrero de 2010

Avatar

Finalmente he reunido el valor suficiente y voy a escribir una crítica sobre Avatar. Pero voy a hacerlo usando únicamente las expresiones manidas que Federik Freak, personaje que dibuja Rubén Fernández en El Jueves, recomienda no utilizar para ser original. Lo siento, ante una película que es de todo menos original, y que nos venden como revolucionaria, me niego a esforzarme más de lo que lo han hecho sus guionistas. Porque como ya habrán oído, Avatar es una tomadura de pelo, una película para niños. Muy bonita, eso sí, pero tan vacía como el bagaje cultural de Belén Esteban. Ahí van las ideas clave:


"Argumento lleno de tópicos"
"Catorce años para esto"
"Pitufos de tres metros"
"Eso sí, en 3D es espectacular"
"Pocahontas"
"Bailando con lobos"
"Final Fantasy"


Señor Cameron: por muy bonita que sea su mierda, no me la trago.

miércoles, 27 de enero de 2010

Cuando Holmes encontró a Ritchie

Cuando uno ve el tráiler de Sherlock Holmes, no sabe muy bien qué pensar. Cualquiera que, como un servidor, haya leído un par de libros sobre las aventuras del célebre detective, verá que resulta difícil reconocer en las escenas mostradas a los protagonistas de las novelas de Sir Arthur Conan Doyle. ¿Sherlock Holmes y el doctor John Watson transformados en personajes de acción al más puro estilo Van Damme? Entre los vastos campos de conocimiento de Holmes se encuentran la hábil práctica del boxeo y la esgrima, de acuerdo, pero de ahí a convertirlo en un action man va un trecho. Más tarde uno se entera de que el film se basa en un cómic, y entiende un poco más lo que pasa. Finalmente descubre que detrás de las cámaras se encuentra Guy Ritchie, y decide darle una oportunidad.

Como de costumbre, el tráiler engaña. Una vez en el cine, resulta que las escenas de acción no son tantas ni totalmente gratuitas. Con eso, que nadie espere encontrar al Holmes larguirucho, con lupa y vestido a cuadros que todos tenemos en mente. Igualmente, el doctor Watson tampoco es el prototípico hombre cincuentón, más bien gordito y chafado (aunque como mínimo le han conservado la cojera). Pero si se ignora el aspecto físico y no se es demasiado tiquismiquis, se puede reconocer perfectamente a los famosos protagonistas, además de a numerosos secundarios. Para alegría del fan, se hallan presentes abundantemente a lo largo del film las agudas observaciones y deducciones del investigador que tanto furor vienen causando desde finales del siglo XIX, así como no se echan en falta los sabios consejos de Watson y la cálida relación de amistad que une a ambos personajes.

Pero no hay que olvidar que se trata de una película del genial Guy Ritchie, y por tanto en ella abundan sus señas de identidad. No faltan las peleas, persecuciones, los matones irreductibles, un sentido del humor socarrón en cada diálogo y, sobre todo, lo más característico a nivel ritchiano: un ritmo frenético y endiablado. Todo esto convierte a Sherlock Holmes en una película tremendamente entretenida. No nos encontramos ante un nuevo Snatch.Cerdos y diamantes, pero este nuevo film roza su nivel. Además la trama no defrauda. Hacia la mitad la película experimenta un ligero bajón, pero consigue remontar hasta ofrecer un final más que aceptable, en el que no quedan cabos sueltos (cosa bastante de agradecer en estos tiempos en una película de misterio).

Para acabar, cabe mencionar las notables interpretaciones (especialmente Jude Law), un gran trabajo de recreación del Londres decimonónico sucio y podrido, y, algo a lo que no suelo dar mucha importancia, una fantástica banda sonora que acompaña a esta fantástica obra de buen cine de parte de uno de los directores más frescos de la última decáda.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Lo has hecho otra vez, Sam


Pues sí, has vuelto a lograrlo. Has conseguido volver a conmoverme. Y además me has hecho reír.

Sam Mendes parece empeñado en desmontar el mito del american dream y del american way of life. Y parece que se emplea bien en su propósito. Si ya lo consiguió hace 10 años con su opera prima American Beauty(de la que apenas recuerdo nada), el año pasado nos volvió a dejar fascinados, consternados, con su Revolutionary Road. Recuerdo perfectamente, en cambio, la sensación con la que abandoné el cine al ver esta última, el leve shock que me supuso.

Hace poco el mentado cineasta ha estrenado Un lugar donde quedarse, Away we go en su versión original, en la que vuelve a cuestionar y poner en evidencia la aparente felicidad con que se nos engaña en el cine convencional acerca de la forma de vida típica americana. En este caso, se trata de una sencilla road movie con un genial sentido del humor. La historia arranca en el momento en que los protagonistas, Burt y Verona, quedan embarazados. Con seis meses de gestación, los padres de él, el único apoyo con el que cuenta la pareja, decide emprender un viaje de dos años a Europa. Es entonces cuando deciden emprender ellos mismos un viaje, por Estados Unidos, visitando a conocidos y familiares con la esperanza de hallar un buen lugar donde quedarse y establecer su hogar.

A partir de este punto de partida, la película sigue a los protagonistas en su viaje, lleno de situaciones hilarantes debido a los personajes con que se topan, en que descubrirán cómo son y, sobretodo, cómo no quieren ser, ni ellos ni su futura familia.

Como he dicho, se trata de una comedia divertidísima y con un toque de ternura, cosa que se logra en parte por la soberbia actuación de la pareja protagonista. Me gustaría destacar especialmente a John Krasinski. Seguramente no les suene el nombre, pero los fans de The Office lo conocerán como el inolvidable Jim Halpert, prácticamente el único personaje "normal" de entre todos los que componen esta fantástica serie. Es la primera vez que veo al actor fuera de la serie, y he visto reforzada mi teoría de que seguramente se trate del tipo más simpático sobre la faz de la Tierra.

sábado, 21 de noviembre de 2009

¡A profanar se ha dicho!

Es la costumbre: la semana del estreno en cine de una superproducción hollywoodiense, los pobres espectadores televisivos somos sádicamente bombardeados con películas del mismo género o, en caso de tratarse de una saga, anteriores entregas. Siempre ocurre y seguirá ocurriendo durante años. Por eso no es de extrañar que, habiéndose estrenado esta semana Luna Nueva, hayamos podido "disfrutar" estos días en nuestras pantallas de su precuela Crepúsculo y de otro filme remotamente relacionado con el tema general de éstas como Van Helsing.

Habiendo visto ambas a medias, aunque la segunda acudí a verla en su día al cine, he podido darme cuenta de la poca piedad que sus creadores han tenido al destrozar y profanar la mitología clásica vampírica. Tampoco es algo que me moleste en demasía, pues no soy precisamente un fanático del género, pero sí me hace pensar con nostalgia en qué ha quedado de películas como el Drácula de Coppola.

En el primer caso, hay que reconocer que el mal ya estaba hecho en el libro en el que se basa la versión cinematográfica de Crepúsculo. Pero viendo la mitad de la película no cuesta darse cuenta de que se trata de una mierda con mayúsculas(y perdón por la expresión, pero hoy no me encuentro inspirado). Lo mejor del filme seguramente sean los paisajes, ya que la historia no ofrece demasiado atractivo, especialmente para el público no femenino ni adolescente, y los efectos especiales provocan risas y lágrimas a partes iguales. Con malas interpretaciones y un guión absurdo, uno nunca acaba de ver el propósito de su argumento. Como he dicho, toda la ficción vampírica clásica queda destrozada presentándonos unos vampiros que, a pesar de sus cientos de años, van a la moda y acuden al instituto año tras año. Además, no consumen sangre humana sino animal por su conciencia pacifista, algo bastante más fantasioso que lo que planteaba la serie Blade. El colmo llega cuando se desvela el motivo por el que no se exponen al sol: no se trata de alergia, resulta que tienen la piel recubierta de una especie de purpurina dorada bastante mal lograda, que sólo se ve con luz solar, y que les hace recordar lo que son y que sean reconocidos como no humanos.

En cuanto a Van Helsing, es inevitable pensar que su argumento está planteado en forma de cachondeo puro y duro. Aquí encontramos un popurrí de mitos vilmente deshonrados: un conde Drácula afeminado y soso, hombres lobo, arpías voladoras, un monstruo de Frankenstein con la cabeza cuadrada y tornillos; todo revuelto y sin ningún tipo de lógica, aderezado con la presencia de secundarios estúpidos y todo tipo de aparatos de corte steampunk(ballestas automáticas, escopetas y otros aparatos más propios de Batman o el Profesor Gadget). Y por si fuera poco, culminando tamaño sinsentido con uno de los finales más ridículos de la década, de aquellos con nubes con forma de caras.

En fin, sólo queda esperar al próximo superestreno, a ver qué tema toca destrozar...Se admiten apuestas.

domingo, 25 de octubre de 2009

Obama y el clan Corleone




Tal como dejé claro con el fútbol, en este blog pocas veces se va a hablar de política pues, aunque sea un tema que pueda incluir entre mis intereses generales, no entra dentro de la temática para la que está pensada este espacio. Aun así, puede que alguna vez, como en este caso, sea posible encontrar algún aspecto en que exista una relación clara o remota entre política y cine o televisión. También en esta ocasión, por primera vez el texto que sigue no es obra mía, sinó que está extraído directamente de la edición de
La Vanguardia del 24-10-09, y su autor es Pascal Boniface, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París. Este hecho extraordinario tiene poco que ver con la pereza habitual de un domingo al mediodía...


OBAMA Y EL CLAN CORLEONE

"Si recordamos la película
El Padrino, don Vito Corleone (interpretado por Marlon Brando), al frente de la más poderosa organización de la ciudad, es abatido por cinco disparos cuando pasea tranquilamente por las calles de Nueva York. ¿Cómo reaccionar?, se preguntan sus tres hijos. ¿Cómo preservar el dominio del clan ante este ataque sorpresa?

En un librito muy espiritual, The Godfather doctrine, dos autores estadounidenses, John Hulsman y Wess Mitchell, hacen una comparación entre la película El Padrino y la política exterior americana. ¿Acaso el filme de Coppola puede dar algunas indicaciones sobre el modo en que Estados Unidos debe conducir sus relaciones internacionales? Sí, responden los autores presentando la "doctrina del padrino". ¿Es que no existe un paralelismo entre el ataque contra Vito Corleone y los atentados del 11 de septiembre? En los dos casos la potencia dominante, segura de su fuerza, ha sido atacada violentamente y por sorpresa por un adversario al que no vio venir y del cual no ha entendido sus motivos.

Tres de los hijos de don Vito quieren responder de modo distinto a este nuevo desafío. Sus hijos representan, de hecho, las tres opciones de la política exterior norteamericana: la creencia en las instituciones, el neoconservadurismo y el realismo.

Tom Hagen, el hijo adoptivo de origen germanoirlandés, es el consejero jurídico de la familia. Cree que hay que responder a la amenaza del clan Sollozzo con una serie de acuerdos y compromisos recíprocos, lo que corresponde un poco a la visión liberal e institucional en boga en las filas demócratas y que encarnó, en su día, Woodrow Wilson. De hecho lo que desea tras el ataque a su padre es volver rápidamente al mundo que existía antes. Por ello propone un acuerdo con las otras familias. Su leitmotiv es: "Hay que hablar con ellos", partiendo del principio de que ellos prefieren el statu quo a la revolución y están interesados en apoyar un retorno a la paz si tienen mejor acceso a algunos recursos.

El segundo hijo, Sonny, desencadena una ofensiva unilateral y violenta contra la familia Sollozzo. Quiere arreglar el problema rápidamente y por la fuerza porque cree que eso juega a su favor. Su precipitación le lleva a no analizar la correlación de fuerzas. Es, de hecho, la posición neoconservadora. El intento de Sonny de asesinar a su cuñado, sospechoso de traición, que se transforma en una trampa en la que es asesinado es, de hecho, la guerra de Iraq, la trampa que se cerró sobre Estados Unidos.

La posición de Tom no puede tener éxito porque se efectúa a partir de una posición de fuerza que ya no existe, lo que imposibilita que la negociación sea suficiente para imponerse. Pero Sonny tampoco es coherente. Él tampoco está en condiciones de imponerse por la vía violenta. Sonny va a aislar al clan Corleone, unir a sus enemigos y ese recurso imprudente a la fuerza acelerará el declive de la familia. Priorizar las negociaciones o el recurso a la fuerza son, pues, dos posiciones ilusorias.

El tercer hijo, Michael, comprende que es necesario efectuar una gran reevaluación estratégica. Así que apostará por dejar fuera de juego a aquellos rivales a los que no puede reclutar y negociar con aquellos con quienes sería muy costoso oponerse. Al comienzo es un civil (está alejado de los asuntos de la familia y condena su deriva inmoral) pero será él quien hará eliminar físicamente a los jefes que rechazan pactar con él. Propone una mezcla de política del palo y la zanahoria. Ello permite mejores éxitos diplomáticos que el simple acercamiento institucional y ser un combatiente más eficaz que aquel que no ve más opción que la guerra. Sabe que el clan Corleone está debilitado estructuralmente por la evolución global de las relaciones de fuerza y usará a la vez la fuerza y la diplomacia.

Es esta posición de Michael la que los autores recomiendan a Obama. Es con esta política del palo y de la zanahoria como hay que tratar con Irán (proponiendo de un lado inversiones, reconocimiento diplomático por EE. UU., un compromiso de no intervención y, por otro lado, la perspectiva de una congelación de todas las inversiones que pondría a Irán de rodillas) y como hay que renovar el sistema de Breton Woods integrando en el mismo a los países BRIC, etcétera. Es así como, a la manera del clan Corleone, Estados Unidos seguirá siendo el primus inter pares en un mundo que ha cambiado completamente, usando a un tiempo el soft y el hard power.

Seguramente se podrá decir que apenas quedan ya partidarios de la opción Tom Hagen en Washington. Los seguidores de Sonny tampoco están en su mejor momento. En cuanto al método de Michael, es sobre todo una cuestión de dosificación. Falta que la comparación sea graciosa y el consejo, pertinente."

jueves, 8 de octubre de 2009

Anticristo


Horrorosa y bonita. Repugnante y cautivadora. Son algunos de los adjetivos con los que me permito calificar Antichrist, la última película del director danés Lars Von Trier. No había visto niguna película suya, y había vivido siempre ajeno al debate, recuperado para la ocasión de este último estreno, acerca de si se trata de un genio o de un farsante. Bien, después de haber visto la mencionada obra, no sabría en qué punto entre ambos extremos situarle.

Antichrist, aunque por su título pueda dar a entender lo contrario, no tiene nada que ver con el tema que trataba la película protagonista de la anterior entrada. En este caso, sólo aparecen dos actores(sin contar las fugaces apariciones de un niño): Willem Dafoe y la para mí desconocida Charlotte Gainsbourg. Interpretan el papel de un matrimonio que acaba de perder a su único y pequeño hijo. Él, psicólogo de profesión, lo asume con relativa compostura, pero ella se sume en una fuerte depresión aderezada con episodios de angustia que le impiden llevar una vida normal. El marido decide encargarse de su terapia, para lo que la lleva a una casita perdida en medio del bosque a la que llaman Edén, para que su mujer se enfrente a sus miedos.

Con este pretexto, Von Trier da rienda suelta a sus divagaciones más oscuras e inquietantes. En un principio la película funciona como un film de terror habitual, destacando sobretodo la angustiosa ambientación sonora y los movimientos de cámara que hacen estremecerte en la butaca de cine, sin que apenas aparezcan los clásicos sustos. Pero a medida que avanza la película, uno va dejándose atrapar por la atmósfera enrarecida que se va forjando entre conversaciones, silencios y miradas, y no puede evitar sentirse cada vez más aterrorizado sin saber muy bien por qué. Es entonces cuando todo explota, cuando se rompe la tensa calma y tienen lugar las polémicas escenas de sexo explícito y las repugnantes secuencias con toques gore, que te dejan totalmente impactado y descompuesto.

Pero la película no impacta únicamente en lo visual, ya que lo que ocurre, al menos en mi caso, tiene un impacto psicológico que sienta como una patada en lo más profundo del alma. Es la única vez que me ha faltado el aliento viendo una película, desde la primera escena a la última. Ante los hechos, el espectador queda perdido, no encuentra explicación para lo que ve, y permanece completamente fascinado por aquello que se le revela en ese momento, pero que siempre había estado escondido, acechando en los límites de su imaginación. La verdad es que me resulta difícil encontrar las palabras exactas para explicarme con suficiente claridad.

Posteriormente al visionado, uno se pregunta si una mente sana puede idear lo que acaba de ver. La respuesta es no, ya que Lars Von Trier confesó haber rodado Antichrist a modo de terapia para superar una profunda depresión. Mención aparte merecen las teorías sobre el origen del mal que la película desprende, sobre las que no me voy a extender aquí.

Seguramente exagere, pero no soy el primero en considerar el haber visto esta película en el cine como una experiencia difícil de olvidar.

martes, 22 de septiembre de 2009

La semilla del spoiler



Después de un verano prácticamente desconectado de la televisión, aunque siempre atento a la programación por si hubiera algún filme de mi interés(como ocurrió efectivamente con Little Children, Cowboy de medianoche o Solo ante el peligro) pretendo volver a publicar comentarios y opiniones de forma más o menos asidua en este espacio, aunque estoy seguro de que nadie había notado mi ausencia. Precisamente la mencionada atención a la parrilla televisiva me hizo recordar ayer, al ver que echaban La Semilla del Diablo en la cadena catalana 8Tv, un post que tenía en mente cuando vi la película hace poquísimos meses y que no se llegó a materializar.

El hecho de que la mayoría de nosotros(me refiero a un "nosotros" de carácter territorial) no seamos capaces de entender con fluidez la lengua inglesa hace que en la mayoría de cines y cadenas de televisión nos lleguen las películas de habla no hispana dobladas al castellano o catalán. Esto no es algo necesariamente malo, pues el trabajo de traducción y doblaje suele ser bastante correcto en los mejores de los casos. Pero en otros casos alguna de estas dos partes de adaptación falla por algún extraño motivo. Sólo hay que ver This is England doblada al castellano para comprobar cómo un mal doblaje puede quitarle la gracia a una película decente. En otros casos los fallos son de traducción, pero la mayoría de las veces no los detectamos. En otras ocasiones, sobre todo en la adaptación de títulos cinematográficos, nos damos cuenta que, ya sea por fines comerciales o estéticos, la traducción no se corresponde exactamente o ni siquiera remotamente con el título original.

¿A qué viene todo esto? En el peor de los casos de estos últimos errores, los fallos deliberados de traducción del título de una película pueden ser completamente inadecuados. El mejor ejemplo es la mencionada La Semilla del Diablo, cuyo título original es Rosemary's Baby. Como puede apreciarse a simple vista, nada que ver el título adaptado con el original.
Rosemary's Baby, obra maestra de Roman Polanski estrenada en 1968, gira en torno al embarazo de Rosemary poco después de mudarse con su marido a un lujoso apartamento en un edificio legendario por las oscuras historias que esconden sus paredes. Pronto Rosemary se da cuenta de que algo no va bien en su embarazo, y la extraña actitud de su distante marido, sus excéntricos y ancianos vecinos y su sospechoso ginecólogo y su insistente empeño por hacerle creer que todo va bien confirman sus peores sospechas, provocadas a su vez por un sueño en el que la mujer hace el amor con un extraño y espantoso ser.

Pronto se sugiere al espectador que, en efecto, Rosemary puede estar embarazada del mismísimo demonio. Y aquí es donde el funesto título castellano nos juega una mala pasada. Hasta el final, hasta la última escena, nunca queda claro si Rosemary alberga realmente en su interior al vástago del demonio o sólo se trata de la fantasía chalada de sus satánicos vecinos. Aunque se insinúa la respuesta, nunca se sabe del cierto hasta llegar al fin. Pero no hay que preocuparse, pues para solucionar este problema está el título nefastamente traducido, ideado por el verdadero hijo de Satanás, que nos despeja toda duda antes incluso de empezar a visionar esta magnífica obra.

sábado, 4 de julio de 2009

Estoy más que harto y no pienso seguir soportándolo!


“Quiero que os levantéis ahora mismo, vayáis a la ventana, la abráis, saquéis la cabeza y gritéis: ¡Estoy más que harto y no pienso seguir soportándolo!” Esto es lo que grita delante de una cámara varias veces el presentador Howard Beale en su programa de noticias, y acto seguido miles de personas sacan la cabeza por la ventana de sus casas gritando que están más que hartas y no piensan seguir soportándolo.

Network, película dirigida por Sidney Lumet en 1976, gira en torno a una cadena de televisión norteamericana y sus dirigentes. También en torno al presentador de noticias Howard Beale, que pierde la cabeza y se convierte en un predicador iracundo, disparando la audiencia de su casi acabado programa. Los directivos de la cadena no dudan en aprovechar su locura para convertir el noticiario en una especie de show en que Beale ejerce de agitador de masas con sus discursos, subiendo la audiencia semana tras semana.

Network se estrenó en España con la coletilla Un mundo implacable. Y en efecto, a lo largo de la película se va destapando un mundo en que todo cambia de la noche a la mañana, en que nada importa salvo la audiencia, por la cual los directivos televisivos son capaces de hacer lo que sea, llegando a límites increíbles y demenciales. En este mundo no hay lugar para la verdad ni la ética. Curiosamente, aunque cuente con 30 años a sus espaldas, cuando uno ve el film le parece rabiosamente actual, ya que refleja exactamente el espíritu que reina en la televisión de hoy en día en nuestro país (que es la televisión que conocemos). Cualquiera que vea los informativos de Tele 5 se dará cuenta de lo poco que importa la verdad y la actualidad si no ofrece espectáculo.

De esta misma forma, el discurso que sale de la boca del enajenado presentador de televisión es perfectamente coherente y sigue teniendo sentido actualmente. La televisión nos controla y nos influye más de lo que creemos, y de una forma inevitable. Como dice Beale, no podemos apagarla porque no tenemos nada más, nos ha seducido de tal forma que nuestra vida se nos antoja imposible sin ella. No me gusta ser catastrofista, pero esta película da que pensar, y mucho.

Para acabar, me gustaría señalar que la Asociación de Escritores de Estados Unidos ha calificado el guión de Network como uno de los diez mejores guiones de la historia del cine. Pese a mi poco criterio, puedo asegurar que razón no les falta.