viernes, 8 de junio de 2012
La tormenta de hielo
martes, 6 de diciembre de 2011
Todos malos

Tropa de Élite (José Padilha, Brasil, 2007) nos sumerge en un mundo que ninguno conocemos pero que de alguna forma intuimos: la lucha contra el narcotráfico en las favelas de Río de Janeiro. Concretamente, el film se centra en las actividades del BOPE, un grupo de operaciones especiales de la policía que, actuando como un cuerpo militar, se encarga de las tareas que la policía convencional no es capaz llevar a cabo. De la mano del capitán Nascimento conocemos el funcionamiento de esta unidad, además de sus propias circunstancias personales y las de otros personajes.
La película funciona como drama policial con espectaculares secuencias de acción rodadas de forma realista, cámara al hombro, que nada tienen que envidiar a las de las superproducciones americanas. Visualmente impactante y de ritmo frenético, de hecho, está mejor rodada que la mayoría de sus hermanas del norte.
Pero lo verdaderamente intesante de Tropa de Élite es su contenido más que su forma. En ella, como en tantas otras, se denuncia la corrupción endémica del cuerpo de policía y la podredumbre de todo el sistema legal. También hay lugar para la crítica hacia cierto sector de la clase media-alta brasileña, que se envuelve en un falso progresismo pero que contribuye directa o indirectamente al mantenimiento del tráfico de drogas en las favelas. Tenemos pues, y si se me permite la simplificación exagerada, a los polis malos, a los narcos malos y a los que los ayudan. El problema está en la descripción que se hace de los polis "buenos".
Esta cinta ha sido criticada por sectores progresistas por ser un supuesto vehículo de ciertas ideas de carácter fascista. La policía de élite se nos presenta como incorruptible, comprometida y sacrificada por la justicia. Tan comprometida con la justicia que para defenderla incurrirá en abusos y prácticas no sólo ilegales sino también inmorales. En este sentido, la cinta emana violencia continuamente y de forma explícita, y el espectador contemplará horrorizado crueles interrogatorios, torturas varias y el ya clásico sistema de "disparar primero y preguntar después", aquí aplicado de forma literal. Sin embargo, lo más interesante es que nunca alcanzaremos a saber a ciencia cierta si el film pretende justificar estas prácticas o precisamente denunciarlas. La interpretación de este aspecto queda completamente en manos del espectador, propiciando un ejercicio de reflexión que raramente podemos encontrar en este tipo de películas.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Teenoir
Ciertamente, un planteamiento así hace temer un grado de surrealismo que roce el ridículo. Y, en determinados momentos, lo que ocurre en pantalla es casi delirante, pero lejos de lastrar el desarrollo lo que consigue es dotar a la película de un encanto que, junto con el buen sentido del ritmo de la narración, transforman este film en una obra casi de culto. Una fotografía centrada en la desolación y frialdad de los paisajes urbanos de extrarradio le confiere al conjunto una dureza e impacto que casan a la perfección con lo adulto del guión, que coloca a unos personajes al final de su adolescencia en una situación de inusitada madurez. El cuidado apartado sonoro, desde la banda sonora hasta los efectos de escenas como la de la persecución con navaja, acaba de redondear una película más que notable.
Puro cine negro, frenético en ocasiones, ambientado de forma magistral en un contexto original, en el que se ha suprimido prácticamente la presencia de tecnología como ordenadores y teléfonos móviles, lo que ayuda a que la mezcla funcione. Una muestra del extraño resultado de esta fusión la ofrecen los reiterados planos de las piernas y pies del protagonista: el contraste entre los tejanos modernos y unos zapatos clásicos propios de un vestuario más maduro ofrece la metáfora perfecta para reflejar lo que propone Brick. La renovación, casi reinvención de un género que esperemos establezca las bases para más películas como ésta.
Merece también una mención el joven reparto encabezado por Joseph Gordon-Levitt. Los que, como yo, le prestaran atención por primera vez en la estupenda (500) Días Juntos (Marc Webb, 2009) y considerasen que no acababa de encajar en su papel en Origen (Christopher Nolan, 2010) se sorprenderán de lo bien que reparte y encaja tollinas en esta película.
viernes, 6 de mayo de 2011
Todo está iluminado
viernes, 25 de febrero de 2011
Wilder y el psicoanálisis
martes, 19 de octubre de 2010
Enterrando expectativas
Es difícil hablar sobre Buried sin destripar los acontecimientos que suceden durante su desarrollo. Lo mínimo que puedo decir es lo que todo el mundo sabe: Buried trata sobre un hombre que se despierta enterrado en un ataúd sin saber cómo ha acabado en esa situación, y durante todo el metraje se ve atrapado en ella, con un mechero como fuente de iluminación y un móvil como herramienta para comunicarse con el exterior. Este aislamiento del protagonista no es algo del todo original, pues muchos citan antecedentes como algunas películas de Hitchcock (como Náufragos o La soga) como evidentes influencias de su director, Rodrigo Cortés. Pero como yo no he visto esas cintas, para disimular mi falta de cultura cinematográfica voy a citar Última Llamada, película de 2002 de Joel Schumacher en que Kiefer Sutherland mantiene encerrado a Colin Farrell en una cabina de teléfono durante todo el metraje. La principal diferencia de esta referencia con el film que nos ocupa es que en Buried el protagonista no se encuentra en medio de una gran ciudad, con gente a su alrededor, sino que está a varios metros bajo tierra y completamente solo.
Llegados a este punto, vendría bien valorar por separado el guión y el resto de aspectos de la película. El trabajo de dirección es notable ya que se las apaña para mantenerse fiel a su premisa: todo sucede dentro de un ataúd. En realidad dentro de siete ataúdes diseñados convenientemente para diferentes situaciones técnicas. Así Cortés logra sacar el máximo provecho de la situación en que ha sumergido a su sufrido protagonista. En este aspecto también hay que destacar la magnífica interpretación, más que convincente, de un Ryan Reynolds que suda y parece que incluso sangre de verdad. Sin duda su actuación (recomendable escucharle en versión original) ayuda a que el espectador empatice y se sienta encerrado en la amplia sala del cine.
En contraste, es en el guión donde esta película falla. Y no porque éste sea malo de por sí, sino por las expectativas que todos los medios han generado alrededor de esta obra. Debe aclararse que se trata de un guión ya escrito antes de que se concibiese el film, varias veces rechazado hasta que Cortés lo leyó y decidió valientemente dirigirlo. Así, uno oye que van a estrenar una película que se desarrolla íntegramente en un ataúd, que cuenta con un único actor, y encima oye maravillas por parte de los privilegiados que ya han podido verla, e irremediablemente piensa que debe escudarse en un guión muy potente para no aburrir durante la hora y media que dura. Es entonces perfectamente comprensible la decepción cuando uno va al cine y descubre que el guión no es para tanto, amén de algunos errores garrafales que se le perdonan a una obra de ficción. Además de un par de momentos concretos, supuestamente impactantes pero que parecen totalmente fuera de lugar y le restan realismo al desarrollo. Por no hablar del mensaje político que la cinta desprende sin ningún complejo, que peca de obvio y simple y también acaba rechinando.
Es éste un problema muy frecuente hoy día y siempre, cuando los medios maginfican en exceso cualquier tipo de obra, y se generan unas expectativas que solamente verdaderas obras maestras van a ser capaces de cumplir. Lamentablemente, Buried no es una de esas películas que todos esperamos.
domingo, 26 de septiembre de 2010
El Americano

domingo, 25 de julio de 2010
Domingo
Un día como hoy, un domingo de verano de 1990, tenía lugar la famosa masacre de Puerto Hurraco. Para el que no la recuerde (como yo, que tenía 2 años), una larga serie de rencillas entre dos familias acabó con los hermanos Izquierdo dando forma a la cazurrez de la España profunda en su máxima expresión liándose a tiros con todo quisqui. En 2004 se estrenó la película El 7º día, dirigida por Carlos Saura y guionizada por Ray Loriga, basada en el fatídico suceso.
Lo normal es pensar que partiendo de una base así es difícil que no salga una buena película. Y en realidad no se trata de una mala obra, pero su guión no aprovecha el enorme potencial que ofrece la historia. El principal problema, pues, reside en el guión. De todos los enfoques posibles, el autor se decanta por el más fácil y menos arriesgado, en consecuencia el menos intersante. La película sucede desde el punto de vista de una de las hijas adolescentes de la familia, digamos, víctima. Es éste un planteamiento cobarde, pues la historia es mucho menos complicada de contar desde la perspectiva de las víctimas. Donde reside el verdadero interés del espectador es en los personajes miembros de la familia agresora, desquiciados e insanos, que aquí son retratados como meros locos, con motivaciones muy simples y sin ahondar en sus relaciones interpersonales. Pero centrarse en ellos era demasiado arriesgado, debió pensar Loriga, ya que es complicado entrar en la mente de un asesino e intentar mostrar sus motivos, y más cuando el asesino es una familia entera. De haberla planteado desde este punto de vista, la película podía salir mal, claro, pero también podría haber salido muy bien, desde luego mucho mejor que el resultado final.
Si a todo esto añadimos que, personalmente, me hizo recordar en un principio a Los Santos Inocentes, obra maestra del cine español y me atrevería a decir que mundial, la impresión final no puede mejorar mucho. Las comparaciones son odiosas, sí, pero también inevitables, y el ambiente rural en que se desarrolla la película me retrotrajo automáticamente al célebre film de Mario Camus. Lo que acentúa otro de los fallos de guión: la pobre construcción de los personajes secundarios, algunos metidos con calzador para adornar la historia principal.
Sin embargo, y como conclusión, El 7º día es una película que merece la pena ver. Si uno reduce las expectativas iniciales podrá disfrutar de una historia de venganzas y amores, además de disfrutar de la bonita fotografía, sin sentirse especialmente decepcionado ni aburrido.
domingo, 27 de junio de 2010
La hoguera de las vanidades
La hoguera de las vanidades (1989) está dirigida por Brian de Palma y basada en la novela homónima de Tom Wolfe. Libro que no he leído, por lo que todas mis opiniones son acerca del film como tal, y no como adaptación.
Se trata de un tipo de películas que desgraciadamente ya no se hacen. A día de hoy la mayoría de obras cinematográficas insisten en inscribirse en un género determinado, incluso las buenas, y son pocos los estrenos que uno no se atreva a clasificar. Sin embargo nos encontramos ante una obra que tiene parte de drama, parte de comedia e incluso parte de historia "policíaca" o de juzgado.
Lo mejor (y para algunos puede que lo peor) de La hoguera de las vanidades es que parece incapaz de tomarse en serio a sí misma. Su desarrollo es totalmente convencional y su trama en un principio seria, pero está poblada de pequeños excesos, detalles que en ocasiones rozan el surrealismo y que en este caso acercan una película común al título de buena película. Secundarios como el fiscal del distrito que busca desesperadamente un caso en el que condenar a un blanco en el Bronx para ganarse el voto de la comunidad negra o el periodista borracho interpretado por Bruce Willis; historias como la del carrito lleno de mierda o la del avión que lleva árabes a la Meca; situaciones delirantes como la escena de la fotocopiadora o la de la escopeta. Todo son pequeños y no tan pequeños elementos del guión que, de no aparecer, dejarían a este film como uno más.
Pero La hoguera de las vanidades también ofrece interesantes reflexiones sobre temas como lo peligroso del "racismo positivo" o discriminación positiva, el poder manipulador de la prensa, la falta de escrúpulos en la lucha por el poder o la diferencia entre la justicia como valor o derecho y la justicia como proceso legal.
No estamos ante un peliculón con todas las letras, pero sí ante un film que se deja ver y que bien merece un par de horas muertas que dedicarle.
domingo, 16 de mayo de 2010
Catwoman contra el maquillaje
No sabría por dónde empezar a hablar de Catwoman. Quizás por su absurdo guión, seguramente escrito en el baño, tan irrisorio que finalmente acabas por plantearte si de verdad han pagado a alguien por él. Seguramente a esta impresión contribuya un fenómeno común en la mayoría de películas de superhéroes que he visto: más de la mitad del metraje se centra en el origen del personaje, por lo que la trama central del filme queda notablemente deslucida, con poco contenido y resuelta con prisas. Otras perlas que incluye esta débil historia son los excesivos y feos efectos especiales, o las pésimas actuaciones de las renombradas actrices protagonistas, añadidas a la presencia de unos secundarios totalmente prescindibles.
Volviendo a la trama, parece que el guión les pareció tan vergonzoso que intentaron colar una especie de discurso feminista para dignificarlo. Lo que ocurre es que, como se dice en catalán, d'on no n'hi ha no en raja, lo que significa que este discurso está trazado de una manera tan simplista y obvia que acaba empeorando el resultado final. Y en el caso de que no fuera así, si este intento de feminismo no fuera fallido desde su base, el discurso se desmorona en el momento en que aparece la buenorra de Halle Berry contoneándose y mostrando chicha. Lo que, para concluir, hay que admitir que es lo único aceptable que podréis ver en este churro de película.
sábado, 10 de abril de 2010
Victoire!
martes, 9 de marzo de 2010
Las cosas claras
martes, 2 de febrero de 2010
Avatar
Señor Cameron: por muy bonita que sea su mierda, no me la trago.
miércoles, 27 de enero de 2010
Cuando Holmes encontró a Ritchie
Como de costumbre, el tráiler engaña. Una vez en el cine, resulta que las escenas de acción no son tantas ni totalmente gratuitas. Con eso, que nadie espere encontrar al Holmes larguirucho, con lupa y vestido a cuadros que todos tenemos en mente. Igualmente, el doctor Watson tampoco es el prototípico hombre cincuentón, más bien gordito y chafado (aunque como mínimo le han conservado la cojera). Pero si se ignora el aspecto físico y no se es demasiado tiquismiquis, se puede reconocer perfectamente a los famosos protagonistas, además de a numerosos secundarios. Para alegría del fan, se hallan presentes abundantemente a lo largo del film las agudas observaciones y deducciones del investigador que tanto furor vienen causando desde finales del siglo XIX, así como no se echan en falta los sabios consejos de Watson y la cálida relación de amistad que une a ambos personajes.
Pero no hay que olvidar que se trata de una película del genial Guy Ritchie, y por tanto en ella abundan sus señas de identidad. No faltan las peleas, persecuciones, los matones irreductibles, un sentido del humor socarrón en cada diálogo y, sobre todo, lo más característico a nivel ritchiano: un ritmo frenético y endiablado. Todo esto convierte a Sherlock Holmes en una película tremendamente entretenida. No nos encontramos ante un nuevo Snatch.Cerdos y diamantes, pero este nuevo film roza su nivel. Además la trama no defrauda. Hacia la mitad la película experimenta un ligero bajón, pero consigue remontar hasta ofrecer un final más que aceptable, en el que no quedan cabos sueltos (cosa bastante de agradecer en estos tiempos en una película de misterio).
Para acabar, cabe mencionar las notables interpretaciones (especialmente Jude Law), un gran trabajo de recreación del Londres decimonónico sucio y podrido, y, algo a lo que no suelo dar mucha importancia, una fantástica banda sonora que acompaña a esta fantástica obra de buen cine de parte de uno de los directores más frescos de la última decáda.
viernes, 4 de diciembre de 2009
Lo has hecho otra vez, Sam
Pues sí, has vuelto a lograrlo. Has conseguido volver a conmoverme. Y además me has hecho reír.
Sam Mendes parece empeñado en desmontar el mito del american dream y del american way of life. Y parece que se emplea bien en su propósito. Si ya lo consiguió hace 10 años con su opera prima American Beauty(de la que apenas recuerdo nada), el año pasado nos volvió a dejar fascinados, consternados, con su Revolutionary Road. Recuerdo perfectamente, en cambio, la sensación con la que abandoné el cine al ver esta última, el leve shock que me supuso.
Hace poco el mentado cineasta ha estrenado Un lugar donde quedarse, Away we go en su versión original, en la que vuelve a cuestionar y poner en evidencia la aparente felicidad con que se nos engaña en el cine convencional acerca de la forma de vida típica americana. En este caso, se trata de una sencilla road movie con un genial sentido del humor. La historia arranca en el momento en que los protagonistas, Burt y Verona, quedan embarazados. Con seis meses de gestación, los padres de él, el único apoyo con el que cuenta la pareja, decide emprender un viaje de dos años a Europa. Es entonces cuando deciden emprender ellos mismos un viaje, por Estados Unidos, visitando a conocidos y familiares con la esperanza de hallar un buen lugar donde quedarse y establecer su hogar.
A partir de este punto de partida, la película sigue a los protagonistas en su viaje, lleno de situaciones hilarantes debido a los personajes con que se topan, en que descubrirán cómo son y, sobretodo, cómo no quieren ser, ni ellos ni su futura familia.
Como he dicho, se trata de una comedia divertidísima y con un toque de ternura, cosa que se logra en parte por la soberbia actuación de la pareja protagonista. Me gustaría destacar especialmente a John Krasinski. Seguramente no les suene el nombre, pero los fans de The Office lo conocerán como el inolvidable Jim Halpert, prácticamente el único personaje "normal" de entre todos los que componen esta fantástica serie. Es la primera vez que veo al actor fuera de la serie, y he visto reforzada mi teoría de que seguramente se trate del tipo más simpático sobre la faz de la Tierra.
sábado, 21 de noviembre de 2009
¡A profanar se ha dicho!
domingo, 25 de octubre de 2009
Obama y el clan Corleone
Tal como dejé claro con el fútbol, en este blog pocas veces se va a hablar de política pues, aunque sea un tema que pueda incluir entre mis intereses generales, no entra dentro de la temática para la que está pensada este espacio. Aun así, puede que alguna vez, como en este caso, sea posible encontrar algún aspecto en que exista una relación clara o remota entre política y cine o televisión. También en esta ocasión, por primera vez el texto que sigue no es obra mía, sinó que está extraído directamente de la edición de La Vanguardia del 24-10-09, y su autor es Pascal Boniface, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París. Este hecho extraordinario tiene poco que ver con la pereza habitual de un domingo al mediodía...
OBAMA Y EL CLAN CORLEONE
"Si recordamos la película El Padrino, don Vito Corleone (interpretado por Marlon Brando), al frente de la más poderosa organización de la ciudad, es abatido por cinco disparos cuando pasea tranquilamente por las calles de Nueva York. ¿Cómo reaccionar?, se preguntan sus tres hijos. ¿Cómo preservar el dominio del clan ante este ataque sorpresa?
En un librito muy espiritual, The Godfather doctrine, dos autores estadounidenses, John Hulsman y Wess Mitchell, hacen una comparación entre la película El Padrino y la política exterior americana. ¿Acaso el filme de Coppola puede dar algunas indicaciones sobre el modo en que Estados Unidos debe conducir sus relaciones internacionales? Sí, responden los autores presentando la "doctrina del padrino". ¿Es que no existe un paralelismo entre el ataque contra Vito Corleone y los atentados del 11 de septiembre? En los dos casos la potencia dominante, segura de su fuerza, ha sido atacada violentamente y por sorpresa por un adversario al que no vio venir y del cual no ha entendido sus motivos.
Tres de los hijos de don Vito quieren responder de modo distinto a este nuevo desafío. Sus hijos representan, de hecho, las tres opciones de la política exterior norteamericana: la creencia en las instituciones, el neoconservadurismo y el realismo.
Tom Hagen, el hijo adoptivo de origen germanoirlandés, es el consejero jurídico de la familia. Cree que hay que responder a la amenaza del clan Sollozzo con una serie de acuerdos y compromisos recíprocos, lo que corresponde un poco a la visión liberal e institucional en boga en las filas demócratas y que encarnó, en su día, Woodrow Wilson. De hecho lo que desea tras el ataque a su padre es volver rápidamente al mundo que existía antes. Por ello propone un acuerdo con las otras familias. Su leitmotiv es: "Hay que hablar con ellos", partiendo del principio de que ellos prefieren el statu quo a la revolución y están interesados en apoyar un retorno a la paz si tienen mejor acceso a algunos recursos.
El segundo hijo, Sonny, desencadena una ofensiva unilateral y violenta contra la familia Sollozzo. Quiere arreglar el problema rápidamente y por la fuerza porque cree que eso juega a su favor. Su precipitación le lleva a no analizar la correlación de fuerzas. Es, de hecho, la posición neoconservadora. El intento de Sonny de asesinar a su cuñado, sospechoso de traición, que se transforma en una trampa en la que es asesinado es, de hecho, la guerra de Iraq, la trampa que se cerró sobre Estados Unidos.
La posición de Tom no puede tener éxito porque se efectúa a partir de una posición de fuerza que ya no existe, lo que imposibilita que la negociación sea suficiente para imponerse. Pero Sonny tampoco es coherente. Él tampoco está en condiciones de imponerse por la vía violenta. Sonny va a aislar al clan Corleone, unir a sus enemigos y ese recurso imprudente a la fuerza acelerará el declive de la familia. Priorizar las negociaciones o el recurso a la fuerza son, pues, dos posiciones ilusorias.
El tercer hijo, Michael, comprende que es necesario efectuar una gran reevaluación estratégica. Así que apostará por dejar fuera de juego a aquellos rivales a los que no puede reclutar y negociar con aquellos con quienes sería muy costoso oponerse. Al comienzo es un civil (está alejado de los asuntos de la familia y condena su deriva inmoral) pero será él quien hará eliminar físicamente a los jefes que rechazan pactar con él. Propone una mezcla de política del palo y la zanahoria. Ello permite mejores éxitos diplomáticos que el simple acercamiento institucional y ser un combatiente más eficaz que aquel que no ve más opción que la guerra. Sabe que el clan Corleone está debilitado estructuralmente por la evolución global de las relaciones de fuerza y usará a la vez la fuerza y la diplomacia.
Es esta posición de Michael la que los autores recomiendan a Obama. Es con esta política del palo y de la zanahoria como hay que tratar con Irán (proponiendo de un lado inversiones, reconocimiento diplomático por EE. UU., un compromiso de no intervención y, por otro lado, la perspectiva de una congelación de todas las inversiones que pondría a Irán de rodillas) y como hay que renovar el sistema de Breton Woods integrando en el mismo a los países BRIC, etcétera. Es así como, a la manera del clan Corleone, Estados Unidos seguirá siendo el primus inter pares en un mundo que ha cambiado completamente, usando a un tiempo el soft y el hard power.
Seguramente se podrá decir que apenas quedan ya partidarios de la opción Tom Hagen en Washington. Los seguidores de Sonny tampoco están en su mejor momento. En cuanto al método de Michael, es sobre todo una cuestión de dosificación. Falta que la comparación sea graciosa y el consejo, pertinente."
jueves, 8 de octubre de 2009
Anticristo
Antichrist, aunque por su título pueda dar a entender lo contrario, no tiene nada que ver con el tema que trataba la película protagonista de la anterior entrada. En este caso, sólo aparecen dos actores(sin contar las fugaces apariciones de un niño): Willem Dafoe y la para mí desconocida Charlotte Gainsbourg. Interpretan el papel de un matrimonio que acaba de perder a su único y pequeño hijo. Él, psicólogo de profesión, lo asume con relativa compostura, pero ella se sume en una fuerte depresión aderezada con episodios de angustia que le impiden llevar una vida normal. El marido decide encargarse de su terapia, para lo que la lleva a una casita perdida en medio del bosque a la que llaman Edén, para que su mujer se enfrente a sus miedos.
Con este pretexto, Von Trier da rienda suelta a sus divagaciones más oscuras e inquietantes. En un principio la película funciona como un film de terror habitual, destacando sobretodo la angustiosa ambientación sonora y los movimientos de cámara que hacen estremecerte en la butaca de cine, sin que apenas aparezcan los clásicos sustos. Pero a medida que avanza la película, uno va dejándose atrapar por la atmósfera enrarecida que se va forjando entre conversaciones, silencios y miradas, y no puede evitar sentirse cada vez más aterrorizado sin saber muy bien por qué. Es entonces cuando todo explota, cuando se rompe la tensa calma y tienen lugar las polémicas escenas de sexo explícito y las repugnantes secuencias con toques gore, que te dejan totalmente impactado y descompuesto.
Pero la película no impacta únicamente en lo visual, ya que lo que ocurre, al menos en mi caso, tiene un impacto psicológico que sienta como una patada en lo más profundo del alma. Es la única vez que me ha faltado el aliento viendo una película, desde la primera escena a la última. Ante los hechos, el espectador queda perdido, no encuentra explicación para lo que ve, y permanece completamente fascinado por aquello que se le revela en ese momento, pero que siempre había estado escondido, acechando en los límites de su imaginación. La verdad es que me resulta difícil encontrar las palabras exactas para explicarme con suficiente claridad.
Posteriormente al visionado, uno se pregunta si una mente sana puede idear lo que acaba de ver. La respuesta es no, ya que Lars Von Trier confesó haber rodado Antichrist a modo de terapia para superar una profunda depresión. Mención aparte merecen las teorías sobre el origen del mal que la película desprende, sobre las que no me voy a extender aquí.
Seguramente exagere, pero no soy el primero en considerar el haber visto esta película en el cine como una experiencia difícil de olvidar.
martes, 22 de septiembre de 2009
La semilla del spoiler
El hecho de que la mayoría de nosotros(me refiero a un "nosotros" de carácter territorial) no seamos capaces de entender con fluidez la lengua inglesa hace que en la mayoría de cines y cadenas de televisión nos lleguen las películas de habla no hispana dobladas al castellano o catalán. Esto no es algo necesariamente malo, pues el trabajo de traducción y doblaje suele ser bastante correcto en los mejores de los casos. Pero en otros casos alguna de estas dos partes de adaptación falla por algún extraño motivo. Sólo hay que ver This is England doblada al castellano para comprobar cómo un mal doblaje puede quitarle la gracia a una película decente. En otros casos los fallos son de traducción, pero la mayoría de las veces no los detectamos. En otras ocasiones, sobre todo en la adaptación de títulos cinematográficos, nos damos cuenta que, ya sea por fines comerciales o estéticos, la traducción no se corresponde exactamente o ni siquiera remotamente con el título original.
¿A qué viene todo esto? En el peor de los casos de estos últimos errores, los fallos deliberados de traducción del título de una película pueden ser completamente inadecuados. El mejor ejemplo es la mencionada La Semilla del Diablo, cuyo título original es Rosemary's Baby. Como puede apreciarse a simple vista, nada que ver el título adaptado con el original.
Rosemary's Baby, obra maestra de Roman Polanski estrenada en 1968, gira en torno al embarazo de Rosemary poco después de mudarse con su marido a un lujoso apartamento en un edificio legendario por las oscuras historias que esconden sus paredes. Pronto Rosemary se da cuenta de que algo no va bien en su embarazo, y la extraña actitud de su distante marido, sus excéntricos y ancianos vecinos y su sospechoso ginecólogo y su insistente empeño por hacerle creer que todo va bien confirman sus peores sospechas, provocadas a su vez por un sueño en el que la mujer hace el amor con un extraño y espantoso ser.
Pronto se sugiere al espectador que, en efecto, Rosemary puede estar embarazada del mismísimo demonio. Y aquí es donde el funesto título castellano nos juega una mala pasada. Hasta el final, hasta la última escena, nunca queda claro si Rosemary alberga realmente en su interior al vástago del demonio o sólo se trata de la fantasía chalada de sus satánicos vecinos. Aunque se insinúa la respuesta, nunca se sabe del cierto hasta llegar al fin. Pero no hay que preocuparse, pues para solucionar este problema está el título nefastamente traducido, ideado por el verdadero hijo de Satanás, que nos despeja toda duda antes incluso de empezar a visionar esta magnífica obra.
sábado, 4 de julio de 2009
Estoy más que harto y no pienso seguir soportándolo!

Network, película dirigida por Sidney Lumet en 1976, gira en torno a una cadena de televisión norteamericana y sus dirigentes. También en torno al presentador de noticias Howard Beale, que pierde la cabeza y se convierte en un predicador iracundo, disparando la audiencia de su casi acabado programa. Los directivos de la cadena no dudan en aprovechar su locura para convertir el noticiario en una especie de show en que Beale ejerce de agitador de masas con sus discursos, subiendo la audiencia semana tras semana.
Network se estrenó en España con la coletilla Un mundo implacable. Y en efecto, a lo largo de la película se va destapando un mundo en que todo cambia de la noche a la mañana, en que nada importa salvo la audiencia, por la cual los directivos televisivos son capaces de hacer lo que sea, llegando a límites increíbles y demenciales. En este mundo no hay lugar para la verdad ni la ética. Curiosamente, aunque cuente con 30 años a sus espaldas, cuando uno ve el film le parece rabiosamente actual, ya que refleja exactamente el espíritu que reina en la televisión de hoy en día en nuestro país (que es la televisión que conocemos). Cualquiera que vea los informativos de Tele 5 se dará cuenta de lo poco que importa la verdad y la actualidad si no ofrece espectáculo.
De esta misma forma, el discurso que sale de la boca del enajenado presentador de televisión es perfectamente coherente y sigue teniendo sentido actualmente. La televisión nos controla y nos influye más de lo que creemos, y de una forma inevitable. Como dice Beale, no podemos apagarla porque no tenemos nada más, nos ha seducido de tal forma que nuestra vida se nos antoja imposible sin ella. No me gusta ser catastrofista, pero esta película da que pensar, y mucho.
Para acabar, me gustaría señalar que la Asociación de Escritores de Estados Unidos ha calificado el guión de Network como uno de los diez mejores guiones de la historia del cine. Pese a mi poco criterio, puedo asegurar que razón no les falta.
