martes, 6 de diciembre de 2011

Todos malos


Tropa de Élite (José Padilha, Brasil, 2007) nos sumerge en un mundo que ninguno conocemos pero que de alguna forma intuimos: la lucha contra el narcotráfico en las favelas de Río de Janeiro. Concretamente, el film se centra en las actividades del BOPE, un grupo de operaciones especiales de la policía que, actuando como un cuerpo militar, se encarga de las tareas que la policía convencional no es capaz llevar a cabo. De la mano del capitán Nascimento conocemos el funcionamiento de esta unidad, además de sus propias circunstancias personales y las de otros personajes.

La película funciona como drama policial con espectaculares secuencias de acción rodadas de forma realista, cámara al hombro, que nada tienen que envidiar a las de las superproducciones americanas. Visualmente impactante y de ritmo frenético, de hecho, está mejor rodada que la mayoría de sus hermanas del norte.

Pero lo verdaderamente intesante de Tropa de Élite es su contenido más que su forma. En ella, como en tantas otras, se denuncia la corrupción endémica del cuerpo de policía y la podredumbre de todo el sistema legal. También hay lugar para la crítica hacia cierto sector de la clase media-alta brasileña, que se envuelve en un falso progresismo pero que contribuye directa o indirectamente al mantenimiento del tráfico de drogas en las favelas. Tenemos pues, y si se me permite la simplificación exagerada, a los polis malos, a los narcos malos y a los que los ayudan. El problema está en la descripción que se hace de los polis "buenos".

Esta cinta ha sido criticada por sectores progresistas por ser un supuesto vehículo de ciertas ideas de carácter fascista. La policía de élite se nos presenta como incorruptible, comprometida y sacrificada por la justicia. Tan comprometida con la justicia que para defenderla incurrirá en abusos y prácticas no sólo ilegales sino también inmorales. En este sentido, la cinta emana violencia continuamente y de forma explícita, y el espectador contemplará horrorizado crueles interrogatorios, torturas varias y el ya clásico sistema de "disparar primero y preguntar después", aquí aplicado de forma literal. Sin embargo, lo más interesante es que nunca alcanzaremos a saber a ciencia cierta si el film pretende justificar estas prácticas o precisamente denunciarlas. La interpretación de este aspecto queda completamente en manos del espectador, propiciando un ejercicio de reflexión que raramente podemos encontrar en este tipo de películas.

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